A Johan Otto von Spreckelsen no le conocía nadie, pero le encargaron la colosal construcción del Arco de La Défense en París. El danés Claes Bang es El arquitecto en este drama basado en hechos reales de Stéphane Demoustier, con Xavier Dolan y Sidse Babett Knudsen.
Al actor que le da vida en el biopic, Claes Bang (Odense, Dinamarca, 1967), en cambio, sí. Tanto en tierras nórdicas como en el mundo entero. El actor se dio a conocer fuera de su país en The Square (Ruben Östlund, 2017), por la que ganó el Premio del Cine Europeo al mejor actor. Desde entonces se ha ido dejando asomar en producciones internacionales como El hombre del Norte, y en series como The Affair, Drácula y Guillermo Tell.
¿Cómo has trabajado un personaje persistente y no muy amable, pero con el que el público acaba empatizando?
Puede parecer arrogante, pero creo que es alguien muy idealista respecto a lo que quiere y, por tanto, muy poco dado a ceder. Tiene una visión muy clara de lo que quiere construir y, de hecho, hay mucho de mí en este personaje en el sentido de aspirar siempre a lo más alto en todo. Esa falta de pragmatismo es precisamente lo que acaba metiéndolo en muchos problemas. Cada vez que surge una complicación, no es muy bueno cediendo. Al final llega un momento que dice: “Lo siento, pero este ya no es mi proyecto, así que tengo que irme”. Y eso siempre me ha parecido muy interesante, porque no hay una respuesta clara: ¿debería haber cedido? Es algo con lo que conecto mucho personalmente, y creo que fue una de las razones que me atrajo del personaje.

¿En qué sentido?
En la manera en la que afronto mi trabajo. Soy bastante inflexible en cómo me tomo mi trabajo, y eso puede ser desesperante para la gente que me rodea. Pero es que quieres hacerlo lo mejor posible… siempre quiero hacer una película de 10 sobre 10.
¿Podríamos decir que esta película trata más sobre el monumento en sí que sobre Johan Otto von Spreckelsen?
Más bien sobre el proceso de crear algo tan enorme. Y en eso se parece muchísimo al cine, porque empiezas con un gran guion, con ideas maravillosas y, de pronto, llega un productor y dice: “Sí, pero no tenemos dinero para esto, así que hay que cortar esta escena”. Ahí entras en el juego de qué es posible y qué no lo es.
¿Por qué crees que hay tanto interés del cine por la arquitectura?
No lo sé. Cuando vi The Brutalist (Brady Corbet, 2024) pensé: “Vaya, otra película sobre un arquitecto”. Pero nosotros ya habíamos rodado la nuestra. Creo que lo interesante es que estos proyectos son gigantescos y cuestan muchísimo dinero. El Arco acabó costando unos 3.000 millones de francos en 1989. Cuando se maneja tanto dinero, hay muchísima gente opinando y queriendo intervenir, lo que tiene un impacto brutal en las personas implicadas y les afecta la vida. Y ahí hay una historia: una persona rodeada por algo enorme que lo transforma completamente.
¿Cómo paseas ahora por París sabiendo que esta película te ha ligado a uno de sus monumentos?
Siempre me ha encantado París. Ya había rodado allí The New Look para Apple, pero ahora tengo una relación distinta con La Défense y con ese edificio. Es el edificio de París que mejor conozco.
En el filme también aparece François Mitterrand. ¿Qué opinas de la idea del legado político?
Mitterrand dejó el Louvre, la Ópera de la Bastilla y el Gran Arco, iniciando unos 75 proyectos. Quería que la gente dijera que todo eso se había construido cuando él era presidente de la República. Pero ocurrió algo muy paradójico: el presidente se elige por siete años y la Asamblea por cinco. Tras tres años, la Asamblea pasó a manos de la derecha y le retiraron la financiación a sus proyectos. Eso es clave en la historia: de pronto no hay dinero, surgen problemas y hay que encontrar financiación desesperadamente.
¿Piensas tú en tu legado como actor?
He hecho muchísimas cosas de las que estoy orgulloso, como Drácula y Hermanas hasta la muerte. Creo que esta última serie ayudó a visibilizar comportamientos abusivos, y eso me hizo sentir orgulloso.
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