La película juega con situaciones absurdas y un reparto carismático, pero su humor a veces se queda en lo previsible y el relato pierde credibilidad. Aun así, consigue momentos divertidos que mantienen el interés del espectador.
★★½
En un panorama cinematográfico cada vez más saturado de remakes y fórmulas recicladas, se agradece que El fantasma de mi mujer apueste por un guion original que no disimula su vocación de comedia clásica. La película parte de una premisa tan clara como disparatada: un marido pillado con otra mujer, una esposa que parece no desaparecer del todo y una cadena de situaciones que rozan el slapstick puro. Sin embargo, el resultado no siempre logra un equilibrio sólido entre la locura y la lógica, y en más de una ocasión la propia sinopsis se tambalea por una inverosimilitud que no termina de integrarse bien en su intención comedia de enredo. Además, se echa en falta un mayor atrevimiento con el humor negro, que podría haber potenciado la propuesta.
Uno de los grandes aciertos del filme está en sus intérpretes, especialmente en una Loreto Mauleón que resulta una auténtica sorpresa en el terreno de la comedia. Su naturalidad y su buen manejo del tempo cómico aportan frescura a una trama que podría haber caído fácilmente en lo previsible. Junto a ella, destaca también el regreso de Javier Rey a la comedia, un registro que explota con soltura gracias a una mezcla bien medida de torpeza, encanto y desesperación. Su trabajo demuestra que el actor se mueve con comodidad en un tono más ligero.
Uno de los grandes aciertos del filme está en sus intérpretes, especialmente en una Loreto Mauleón que resulta una auténtica sorpresa en el terreno de la comedia. Su naturalidad y su buen manejo del tempo cómico aportan frescura a una trama que podría haber caído fácilmente en lo previsible. Junto a ella, destaca también el regreso de Javier Rey a la comedia, un registro que explota con soltura gracias a una mezcla bien medida de torpeza, encanto y desesperación. Por su parte, María Hervás encarna al personaje más caricaturesco del reparto; su exageración y energía desbordada funcionan como un motor cómico, aunque en ocasiones llegan a sacarte de la credibilidad del relato
El fantasma de mi mujer juega sobre seguro en lo visual y en la construcción de los gags sin grandes riesgos , pero con una puesta en escena que acompaña. El guion alterna momentos inspirados con otros más convencionales, lo que provoca una experiencia irregular, aunque nunca del todo fallida. No aspira a reinventar la comedia, pero sí ofrece un entretenimiento honesto que, gracias a sus interpretaciones y a su apuesta por una historia original, consigue destacar ligeramente.
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