En El hombre menguante, Jean Dujardin (The Artist) protagoniza una nueva versión de la novela de Richard Matheson que Jack Arnold y Grant Williams llevaron al cine en 1957.
Jean Dujardin había visto la película de pequeño, pero no le causó un gran efecto entonces. “Fue paseando por la Fnac, hace unos 15 años, cuando me encontré una edición especial de El increíble hombre menguante, de Jack Arnold, y decidí comprarla. Me la puse en casa y la vi tres veces en bucle. Era una señal de que había una conexión entre esa historia y yo”, recuerda el famoso actor francés en las notas de su versión, El hombre menguante.
La película de Arnold, protagonizada por Grant Williams, era a su vez una adaptación de la novela de Richard Matheson, cuyo guion escribió el propio escritor. Es la historia de un hombre que, mientras está de vacaciones, se expone a una nube radioactiva y semanas después empieza a encoger proporcionalmente hasta prácticamente desaparecer. Queda, de esa forma, por su minúsculo tamaño, enfrentado a un montón de enemigos inesperados: un gato, una araña, un pájaro…
“Es un hombre enfrentado a él mismo, a su propia mortalidad, a su fuerza vital”, dice Dujardin. “Creo que, en un momento dado, el héroe ya no sabe para qué vive. Vive porque tiene que vivir. Esa pregunta siempre me ha fascinado. Es la idea de contar el instinto de supervivencia que todos tenemos dentro de nosotros, pero a través de una fábula sobre un hombre que se encoge”.
Dujardin consiguió fácilmente los derechos de la novela y le pasaron el proyecto a Jan Kounen (Coco Chanel & Igor Stravinsky, Dobermann), quien decidió volver a la novela original para recuperar claves y escenas que el propio Matheson había dejado fuera en la película de 1957. Por ejemplo, en aquella se hablaba de una pareja protagonista; aquí se recupera a la familia como centro y así retomar esas imágenes del hombre menguante en una casa de muñecas.
“Para mí no iba de crear un hombre menguante, sino de un hombre que vive en un mundo que crece cada día”, concreta Kounen. Por eso, la nueva versión se queda con él casi desde el principio, en su escala, sacrificando incluso el diálogo cuando nuestro protagonista queda encerrado en un sótano sin contacto con otras personas.
“Desde The Artist lo he dicho: ojalá solo hacer películas mudas”, dice Dujardin sobre un papel en el que se luce de nuevo su expresividad física. Otra diferencia con la anterior película es que aquí nunca sabemos por qué el protagonista empieza a encoger. “Situamos la historia en tiempo actual, pero no queda claro dónde están; es algún lugar del mundo occidental, para que quien la vea se sienta cercano”, explica Kounen. “Por eso no contamos el porqué; es un misterio vinculado a los miedos de nuestro tiempo, ecológicos en nuestro caso”. Y siempre existenciales: ¿qué nos lleva a seguir viviendo? Da igual el tamaño que tengamos.
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