Olivier Assayas retrata de nuevo a un personaje histórico y sus intrigas políticas en El mago del Kremlin, centrado en el dirigente ruso (interpretado por Jude Law) y en los arquitectos de su ideología y régimen.
Basada en la novela homónima publicada en 2022 por Giuliano da Empoli, El mago del Kremlin repasa casi tres décadas de la historia rusa reciente, desde el colapso de la Unión Soviética hasta la anexión de Crimea en 2014, centrando su relato en la trayectoria de un personaje ficticio llamado Vadim Baranov (Paul Dano) e inspirado en Vladislav Súrvov. Hasta su caída en desgracia en 2020, recordemos, Súrvov fue considerado uno de los principales ideólogos de Putin y el arquitecto esencial del putinismo; como tal, tuvo un papel decisivo en la caída de los oligarcas rusos, la eliminación de la disidencia en el país, la propaganda orquestada desde el Kremlin a través de las redes sociales para manipular la opinión pública internacional y, sobre todo, el rol desempeñado por Moscú en las rebeliones separatistas en diversas zonas de Ucrania.

“Cuando me ofrecieron el trabajo, yo acababa de terminar Irma Vep (2022) [adaptación televisiva del largometraje homónimo dirigido por el propio Assayas en 1996], que concebí como una película de ocho horas, y me había prometido a mí mismo que nunca me enfrentaría a otro proyecto de esa escala, porque resultan muy absorbentes y estresantes”, explica el galo acerca de sus reticencias iniciales a participar en la nueva película. “Pero comprendí que aceptar la misión me permitiría abordar el tipo de asuntos relevantes que el cine ya casi nunca aborda y que, al contrario, negarme a hacerlo sería una forma de dar la espalda al presente.”
Assayas confiesa que El mago del Kremlin exigió un proceso de producción extraordinariamente complicado por varios motivos. “En primer lugar, cuenta una historia que transcurre en Rusia, pero para nosotros era impensable rodar allí”, cuenta. Finalmente, la película se rodó íntegramente en Letonia, donde los costes de producción eran más bajos que en la mayoría de los otros países. El director tampoco pudo rodarla en ruso, “porque ningún actor de esa nacionalidad se habría arriesgado a participar en un proyecto así, y porque nadie quería financiarla a menos que se filmara en inglés y con intérpretes conocidos.” Asimismo, añade, poner El mago del Kremlin en pie planteó una dificultad de índole política: “La mayoría de fondos de inversión que financian cine operan en el mercado ruso, por lo que no podían vincularse con un proyecto que podía levantar ampollas en Rusia. Así que nos vimos obligados a reducir el presupuesto a su mínima expresión. Al final, el rodaje de la película fue una lucha constante, cada mañana me sentía como si fuera a la guerra.”

¿De verdad corre El mago del Kremlin el riesgo de enfadar a Putin? Vaya por delante que Jude Law se muestra impecablemente impenetrable en la piel del presidente, y que captura a la perfección su lenguaje corporal sin caer en la imitación. “Jude transformó al personaje y lo reinventó por completo, y lo hizo muy creíble”, opina Assayas. “Me sorprendió lo mucho que se implicó y comprometió para entender todos los matices del personaje, tanto los que son muy negativos como los que lo son un poco menos.” Por lo que respecta a las posibles represalias, insiste en que no le preocupan. “Francamente, no creo que Putin tenga tiempo para sentarse a ver una película francesa. Aunque, a decir verdad, creo que le divertiría verse interpretado por Jude Law.”
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