Sólo unos meses después de su predecesora llega la secuela ‘28 años después: El templo de los huesos’. Hablamos con Ralph Fiennes sobre el presente y futuro de la saga de terror postapocalíptico creada por Danny Boyle y Alex Garland, donde interpreta a un médico ermitaño con un gran respeto por la muerte.
Por Alessandra Mattanza
Sueña con interpretar cada vez más las rimas de Shakespeare en el teatro, donde también se formó. Así es cómo Ralph Fiennes ve su futuro. Mientras tanto, como actor auténtico e innovador, experimenta y continúa pasando de un personaje a otro con una maestría cautivadora, casi mefistofélica, que siempre ha caracterizado su carrera y su vida, nacido en el seno de una familia aristocrática y de vocaciones artísticas. “No me imagino viviendo lejos del arte, por eso me atraen las personas tan cautivadas por él como yo…”, nos dice.
La suya es una de las filmografías más versátiles e inagotables. Detrás de películas serias como las recientes Cónclave o El regreso de Ulises, también le hemos visto en historias de acción y thrillers, en comedias románticas y divertidas aventuras (siguiendo a Wes Anderson) e incluso fantasías de gran presupuesto (Harry Potter). Ahora, después de haber sido presentado como el personaje más atractivo y excéntrico de la entrega anterior, vuelve al terror postapocalíptico en 28 años después: El templo de los huesos, en la que Danny Boyle se queda como productor y le pasa la batuta de dirección a Nia DaCosta (Candyman). La trama se desarrolla en un mundo postapocalíptico, donde la humanidad ha sido diezmada por el virus de la rabia. Años después, los supervivientes se enfrentan a la cuarentena y el aislamiento indefinidos, la intolerancia y horrores indescriptibles, intentando construir una existencia viable.
Esta secuela, al igual que las anteriores, oscila entre el terror y la ciencia-ficción, con acción y drama. Mucho equilibrio entre los géneros.
Es una película muy interesante y ecléctica. Es cautivadora por la forma en que las historias de los personajes se entrelazan y divergen a la vez, marcadas por el recuerdo y la acción que transcurre al ritmo de la música y mucha acción.
Repites en tu papel como el Dr. Ian Kelson, un médico que ha vivido aislado durante 28 años. Es un superviviente con un profundo respeto por la muerte y, quizás, una búsqueda del significado del destino.
Este hombre, al principio, parecía un loco debido a su naturaleza solitaria, así como a su obsesión con el templo de los huesos, una enorme estructura hecha de cráneos y huesos humanos, del que se considera su guardián. Me gusta cómo, en última instancia, se le puede considerar un humanista por la forma en que realiza rituales para honrar a los muertos. En esta secuela, habrá sorpresas y revelaciones que me harán involucrarme aún más en la historia. En la película anterior, me sentí atraído por un niño que esperaba salvar a su madre.

¿Encuentras similitudes con este hombre a la deriva?
Me apasiona porque, a pesar de haber experimentado un caos total y presenciado atrocidades horribles, sigue luchando por comprender y ofrecer esperanza. Creo que comparto con él un lado compasivo, como una naturaleza enigmática que me impulsa a estar siempre en busca de algo.
Tienes muchos papeles en tu carrera de hombres sensibles, románticos… El jardinero fiel, El paciente inglés… ¿Se reconoce también como un romántico en la vida real?
Mi existencia siempre se ha caracterizado por la pasión y los sentimientos puros, hasta el punto de que a menudo me siento como un hombre de otra época. Pero para mí, el amor es más complejo y más auténtico que el cliché clásico que se ve a menudo en las películas… Es una exploración constante, una red de emociones profundas y sutilezas que se entrelazan constantemente, pero que pueden, de hecho, perderse en un instante, que sigo procesando y aprendiendo a lo largo del camino de la vida. Puede ser hermoso, pero también despiadado y cruel. En El paciente inglés Kristin Scott-Thomas y yo estábamos muy enganchados a la historia. Ambos éramos personajes muy fuertes y ahí se ven esos destellos inesperados. Fue quizás la película que más me gustó, pero todos los hombres que he interpretado se han convertido en parte de mí. Es un proceso irreversible.
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