Robin Campillo dirige ‘Enzo’, la película póstuma de Laurent Cantet: “Le dije que no sabía si iba a hacer la película a su manera, pero él confió en mí”

Robin Campillo dirige ‘Enzo’, la película póstuma de Laurent Cantet: “Le dije que no sabía si iba a hacer la película a su manera, pero él confió en mí”

Enzo

Laurent Cantet y Robin Campillo escribieron juntos Enzo, iba a dirigirla el primero, pero su muerte llevó a Campillo a ponerse detrás de la cámara en esta sensorial historia de despertar del deseo y búsqueda de tu lugar en el mundo.

En la película Recursos humanos (1999), Laurent Cantet terminaba con una frase: “¿Dónde está tu sitio?”. Esa pregunta era esencial para el director de La clase, puntal del cine social europeo. Cantet reflexionó mucho sobre el lugar que nos venía dado en la sociedad y del que era cada vez más difícil escapar. Desde esa pregunta nació también hace una década el germen de Enzo, la que ha acabado siendo su película póstuma, coescrita junto a Robin Campillo (120 pulsaciones por minuto) con quien ya había escrito La clase o El taller de escritura, y quien acabó dirigiéndola en un acto de devota amistad. “Cuando el diagnosticaron el cáncer le dije de trabajar juntos en esta historia, que a mí me recordaba mucho a esas sensaciones que tenía yo de joven, jugando al fútbol con chicos mayores y solo pensar en poder tocarles”, contaba Campillo en el pasado Festival de Cannes donde la película inauguró la Quincena de cineastas. “Laurent eligió a los cuatro actores principales, los dos debutantes (Eloy Pohu y Maksym Slivinskyi) y también los veteranos (Pierfrancesco Favino y Élodie Bouchez), y yo le dije que estaría siempre con él en el rodaje, que le sustituiría el día que estuviese cansado, pero a poco de empezar el rodaje empeoró rápidamente y cuando parecía que ya no iba a salir, su mujer, su productora y yo fuimos a verle al hospital y le dijimos que nos gustaría seguir adelante. Es todo un poco borroso… pero le dije que no sabía si iba a hacer la película a su manera, pero él confió en mí… y unos días después de su muerte, estábamos rodando”.

Enzo

Pierfrancesco Favino y Élodie Bouchez.

Enzo es un chico de 16 años, parte de una familia adinerada en la que no se siente cómodo, se niega a seguir los pasos de su padre y hermano mayor en la arquitectura, y entra a trabajar como albañil en la obra de una mansión cercana a la suya, allí conoce a Vlad, un emigrante de la guerra, de quien se enamora. Enzo se siente más a gusto ahí que en casa, pero tampoco ese es realmente su sitio… “Es una idea que Laurent tenía muy presente, él no se sentía a gusto en el mundo del cine, siempre se veía como un impostor”, explica Campillo.

En Enzo están los universos de ambos cineastas, está el determinismo social, está la guerra de Ucrania y está también el despertar del deseo sexual, “la fantasía homoerótica”. “Y la complejidad de ese deseo –apunta Campillo–. Es, en realidad, una película sobre la sensualidad y la sensorialidad, desde el control del cuerpo que tiene el padre (Favino) a esa fluidez y ambigüedad de las generaciones jóvenes que a Laurent le fascinaba y a mí también”. Y que amplían, de alguna forma, la posibilidad de sentirse a gusto en distintos sitios.

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