Después de ganar en la sección Panorama en el Festival de Berlín, Sorda se presentó en la sección oficial a concurso en el certamen de Málaga. Unos días antes, hablamos con la directora Eva Libertad sobre esta película que nació de los miedos de su hermana, la actriz Miriam Garlo, a ser madre como mujer sorda. De las dos páginas que ella le escribió enumerando temores y posibilidades, la directora escribió primero un corto, estrenado en 2021. Y aquella experiencia les animó a lanzarse al largometraje.
Las buenas sensaciones del corto, ¿os animaron a lanzaros al largometraje?
Fui incluso antes, en cuanto terminamos de grabar nos quedamos con ganas de seguir trabajando. Yo ya había dirigido en teatro a Miriam. Ya cuando ella estaba en la Complutense, yo dirigía el grupo de teatro de Bellas Artes. Teníamos background como directora y actriz, pero nunca la había dirigido en cine, para mí fue como tomar conciencia de la enorme actriz que tenía como hermana y que no lo sabía.
¿Y fuiste mucho más lejos en la investigación?
Fui tirando de contactos de Miriam. Me puse en contacto con asociaciones de sordera y hablé hablar con madres sordas, tanto con parejas oyentes como con parejas sordas para ver cómo era la diferencia de la relación, que me quisiesen compartir sus experiencias durante el embarazo, durante el parto, durante la crianza, que quisiesen abrirse un poco y contarme cuáles habían sido sus miedos durante todas esas fases, cómo había cambiado la relación en la pareja durante la crianza, si la pareja era mixta… La relación también con el resto de la familia…
Pero en algún momento, decidirías parar… porque no queríais hacer un documental.
Claro, hubo un momento en el que paré también, porque si no, me voy a pegar mucho a la realidad. Me acordaba de Borges que él dice que cuando investiga para un libro, para una obra, lo hace hasta un 45% y el resto lo deja a la imaginación. Yo quería que la historia se nutriese, obviamente, de ese sustrato real que yo saqué de las entrevistas, pero también dejar que entrara la creatividad y mi vivencia con Miriam, el vínculo con Miriam… Quería que fuese una mezcla, yo nunca quise hacer una representante de todas las mujeres sordas o de toda la comunidad sorda, sino un personaje singular, atravesada de muchas contradicciones y con su carácter y con su metedura de pata y con sus…
Mostrar una mujer con sus miedos y que, sí, es sorda, pero es sólo una capa más de su realidad.
Recuerdo esto, no lo he contado, por ejemplo, pero recuerdo cuando yo pasé por algunos laboratorios de guion durante el proceso de escritura y había algunos comentarios que me decían: “Ángela corre el riesgo de caer mal”. Y yo decía, muy bien, ¿cuál es el problema? ¿Qué pasa? Que por ser sorda tiene que ser buena, perfecta, porque a mí me gustan cuando los personajes en las películas me puedo identificar con ellas porque tienen fallas, son humanos… Entonces yo quería que Ángela no estuviese sujeta a esto que estamos diciendo y que sea tan bien tal cual. Para mí, Ángela es hija de sus padres, es artesana, ceramista, alfarera, es amiga, es madre y además también es sorda. Es como yo he visto a Miriam toda mi vida. O sea, la sordera es algo que la atraviesa y conforma su identidad, pero es una de las capas de su identidad.
Lo has dicho antes, que la descubriste en el corto, pero es que el largo revela a una gran actriz en Miriam.
Lo es. Es actriz. Y esto tenemos que aclararlo muchas veces porque hay como una creencia que descubrimos con el corto que cuando una actriz o un actor tiene una discapacidad no actúa, y para nada. Miriam tiene un nivel de sordera diferente al de Ángela, habla de manera muy diferente a la de Ángela, por lo cual hubo que buscar la voz de Ángela, la manera de diccionar su nivel de lectura de labios y trabajar con la voz para una actriz sorda. Ella me decía: “Tía, es que me estás pidiendo lo más difícil que he hecho en mi vida”. Era como pedirle a una persona invidente que pintase un cuadro con colores. Nos costó semanas encontrar la voz de Ángela, cómo se comunicaba, cómo era su dinámica física. No sé hasta qué punto la gente se da cuenta de que no está siendo ella.
Y en ese sentido, encontrar el equilibrio entre la historia, la visión artística y el tema.
Es complejo, yo ya estaba preparada para esto, pero es verdad que la película al final toca un tema que no se ha tocado antes, que es bastante en un punto novedoso, entonces todo el discurso sobre la sordera al final fagocita la pieza artística y yo estaba preparada para eso, pero a mí casi nadie me pregunta por temas ni de estilo ni de cámara ni de iluminación… Que yo sé que va a ser así y es como inevitable, pero, claro, por otra parte, ojalá la película sirva también para que haya más encuentro y acercamiento entre el mundo sordo y el mundo oyente. Porque al final yo la hice por eso, por amor a Miriam. Así que ojalá que eso suceda.
La luz, la sensorialidad… La importancia de las manos… todo eso marcó mucha tus decisiones artísticas.
Para mí el cómo contar la película estuvo desde el principio muy enraizado en el tema. Por ejemplo, todas las personas sordas perciben todo por la vista, sus ojos son sus oídos, entonces eso era muy importante a la hora de grabar. Estuve hablando con artistas y pintoras sordas para ver cómo captaban la realidad, saqué mucha información sobre el simbolismo de las manos… Y eso nos llevó a decidir no usar filtros, sino que fuesen colores muy parecidos a la realidad, por la importancia de los ojos, también jugamos mucho con profundidad de campo y también jugamos mucho con la luz: queríamos que empezase siendo muy luminosa al principio y se fuese oscureciendo cuando nace la niña. Después está cómo mantener siempre las manos a la vista porque queríamos que la película siempre fuese accesible, que se les viese signar. Y, por último, el mapa sonoro, Héctor (Álvaro Cervantes) empieza hablando muy bajito, casi susurrando y va subiendo y subiendo hasta que acaba en un grito.