Festival de Málaga 2025: ‘La deuda’, Daniel Guzmán inaugura con desahucios, persecuciones y culpas

La deuda

Daniel Guzmán estrena su tercer filme como director en el Festival de Málaga. La deuda era, además, la encargada de inaugurar la 28 edición del certamen de cine español, ni más ni menos. Un festival ambicioso (con su enorme cantidad de proyecciones) y una película ambiciosa. La más ambiciosa del Guzmán director hasta ahora. Y llega al festival, además, justo 10 años después de ganar la Biznaga de Oro con su opera prima, A cambio de nada, con la que también acabaría ganando el Goya a mejor dirección novel

La deuda nació también de una anécdota personal y, precisamente, vivida con su abuela, la mujer que debutara en su primera película. Cuando la acompañaba todas las tardes al centro de salud, mientras le ponían un tratamiento, él miraba el desfibrilador de esa sala y se preguntaba qué pasaría si se lo llevara. Ese pensamiento le permitió construir la historia de un personaje (interpretado por él mismo) que es, básicamente, un superviviente, un hombre que ha ido paso a paso, día a día, haciendo lo que podía. La mujer a la que acompaña a ese centro de salud, Antonia (interpretada por Rosario García, debutante de 92 años), es como una abuela, como una madre para él, la cuida con mimo, más aún ahora en su delicado momento de salud y cuando está amenazada por el banco y un fondo buitre que quiere comprar su edificio y quieren desahuciarla. Esa es la primera deuda a la que hace referencia el filme: la deuda del dinero que debe Antonia.

Pero hay más deudas. La que le debe Lucas, el protagonista, a Antonia por haberle cuidado a él y que se la paga con cariño. La deuda que tendrá también Lucas con el personaje de la enfermera a la que interpreta Susana Abaitua que, sin casi conocerle, aceptará ayudarle. La deuda que tiene con la madre (Itziar Ituño) del niño que muere cuando él roba el desfibrilador. La deuda que tendrá con el hombre (Luis Tosar) que le da un dudoso trabajo para pagar la primera deuda de todas.

La deuda

Ninguna de ellas es fácil de pagar, todas se van encadenando, todas son consecuencias de la situación de vulnerabilidad y desigualdad en la que Lucas y Antonia se encuentran. “Me gustaría que todos los políticos puedan ver La deuda durante el receso de una sesión de control en el Congreso de los Diputados para que les ayude a mejorar la vida de las personas”, ha dicho el director en la primera jornada del Festival de Málaga.

‘LA DEUDA’: CINE SOCIAL Y DE ACCIÓN

Como sus anteriores filmes, también nacidos de historias de la calle, también rodados a pie de calle, Guzmán parte de un tema social para denunciarlo y a partir de ahí, en este caso, ha arriesgado todavía más metiéndose en el mundo del thriller a ritmo de cine de acción en algunos momentos y rozando el noir. Mucha ambición en un filme en el que no siempre sale todo como debería.

Denuncia de la gentrificación de las ciudades, del abandono de las personas mayores, de los desahucios que se ceban en los más desfavorecidos. Pone el foco en esos personajes solos en lugares atiborrados de gente como es Madrid. En la necesidad del cariño, del cuidado, de protegernos, del hogar. Y todo regado con esa culpa que corroe al protagonista y con la que no sabe qué hacer, tan cegado está con ella que quiere limpiarla de la manera más equivocada posible. ¿Tiene la culpa él de haber acabado así? ¿O la culpa es de esa sociedad que no le ha dejado hueco?

En esas aguas turbias se mueve la historia en la que Guzmán no ha escatimado en ambiciones de producción, con muchas localizaciones exteriores (Madrid en todos sus rincones), con persecuciones de coches, con huidas… Un envoltorio de gran película con la que espera, debería, conectar con el público como lo hizo con sus dos anteriores filmes porque lo social, cree, no está reñido con el entrenamiento.

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