Fernando Villagrán, prisionero en el mismo centro de detención al que llevaron a Silva, de hecho, estaban en celdas muy próximas, escribió el libro Disparen a la bandada, en el que ahora se basa la película de Juan Pablo Sallato, Hangar rojo, y en el que se cuenta la historia de los oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea que se opusieron al golpe militar y que fueron violentamente reprimidos.

Estrenada en Berlín, la película se alzó con el premio del Público, el de la Crítica y el de mejor montaje en el Festival de Málaga, donde su actor principal, Nicolás Zárate, conquistó la Biznaga de Plata a la mejor interpretación masculina. De narrativa contenida, rodada en blanco y negro, con un interesante trabajo de sonido que revela todo el horror del centro de torturas y una cámara pegada a la nuca del protagonista, Hangar rojo es la primera película de Latinoamérica que se centra en el funcionamiento interno del mundo militar durante las dictaduras de los años 70.
“La película llegó a mí por el guionista, Luis Emilio Guzmán, porque conocía al autor del libro. Nos pareció una historia inédita”, explica el director, que lamenta la actualidad que ha cobrado la historia a la vista de la situación mundial. “Con toda la barbarie que estamos viendo, la llegada de los nuevos fascismos, las violaciones de los Derechos Humanos, genocidios… ahora se vuelve muy actual la película y eso nos da mucha tristeza –reconoce–, pero también da mucho sentido al trabajo que hicimos. Ojalá que volvamos a pensar que las decisiones que se toman traen consecuencias”.
Preparada durante siete años, en los que guionista y director pudieron conversar con el propio Silva, fallecido en el exilio en Londres en 2024, la película intenta, en palabras de Sallato, “buscar un poco de humanidad en la barbarie. En todos los relatos de las barbaries de los nazis había uno que contaba la historia de Anton Schmidt, un soldado del ejército alemán que salvó a varios prisioneros. Después lo fusilaron, pero es necesario escuchar también ese tipo de historias para que las personas que están en el ejército vean que pueden tener conciencia, que quizás pueden hacer las cosas de manera distinta”.
