24 horas en Madrid dan para mucho. Hugo 24 es la postal menos turística de la ciudad que el director Luc Knowles abraza con toda su belleza y sus contradicciones, dedicándole una auténtica oda al principio de su película: un enamorado recorrido por cada uno de sus barrios que solo un madrileño podría haber hecho con tanta precisión. “No quería transmitir hostilidad hacia la ciudad, sino mostrarla como una carta de amor, con sus problemas reales como contexto”, explica el director.
Cuando hace un par de años se mudó al norte de la capital, concretamente a Tetuán, pudo comprobar de primera mano lo que ya no es un secreto para nadie: no se puede hablar de Madrid sin hablar del problema de la vivienda. “Los precios de los alquileres se han disparado y el acceso es muy difícil, el crecimiento de los pisos turísticos desplaza a los vecinos”. Para ese entonces ya había estrenado Libélulas, su ópera prima, una de las sorpresas del Festival de Málaga 2022, que, aunque rodada en diferentes localizaciones de la Comunidad, presentaba un espacio no reconocible que podríamos haber atribuido a cualquier lugar. Esta vez Knowles quería poner nombre y caras a cada una de sus calles: “Quise usar la ciudad como un telón de fondo que marcara la urgencia de la historia”.

La realidad empapa el guion de Hugo 24, que se apoya en la mecánica del thriller para hablar de familia, amistad y de los miedos que aquejan especialmente a las generaciones más jóvenes. “Intenté que la película fuera atractiva y al mismo tiempo tuviera un mensaje social presente”, explica. Protagonizada por Arón Piper, Marco Cáceres y Marta Etura, el director vuelve a servirse sin complejos de herramientas propias del documental, lo que convierte a los vecinos de Madrid en parte ineludible de esta conversación omnipresente. “Todas las entrevistas que aparecen son reales”, cuenta. “Paramos a personas en la calle y les hicimos preguntas. Esto no tiene guion, porque quería mostrar que el discurso de la película no es inventado”.
Cámara en mano, el director se reafirma en su estilo híbrido e inmersivo: “Tenemos objetivos angulares para acercarnos a los personajes y sumergir al espectador, generando sensación de presión y angustia”.
TRANSVERSAL Y GENERACIONAL
Luc Knowles se enfrenta así al temido momento de la constatación. Después de la buena crítica de una gran ópera prima, llega el más difícil todavía para cualquier director: cumplir con las expectativas en la segunda película sin perder la identidad. “Durante el rodaje estaba tranquilo porque pude hacer la película que quería, pero al montarla sí sentí la presión de que funcionara, que dejara poso, que fuera ágil sin ser demasiado densa”, confiesa.
La confianza de Knowles en un cine accesible sin sacrificar contenido social ha dado frutos y la acogida en su estreno en el pasado Festival de Málaga fue muy positiva. Acompaña que Hugo 24 es el retrato de una problemática antes de unos pocos y ahora de casi todos, así que lo que empezó siendo cine de nicho parece tener cada vez más aceptación. El director es consciente de que estas historias conectan ahora con un público mucho más amplio: “Ahora el problema afecta a muchas personas y se ha globalizado. Aunque no te afecte directamente, conoces casos cercanos. Hay parejas que me contaban que, ahorrando juntos, tardarían siete años para poder acceder a la primera vivienda, y llevaban ocho años viviendo juntos. Las personas destinan hasta el 60% de su sueldo al alquiler”.

También los actores protagonistas de la película, Arón y Marco, compartían piso en el momento de rodar. Y una sucesión de casualidades que involucran a otros actores hicieron que dos grandes amigos lideraran el elenco. “Conocí a Marco en un festival. Me dijo que Milena Smit le había enseñado Libélulas y que le encantaba. Además, que le gustaría actuar en una película con su mejor amigo Arón (Piper)”, recuerda Knowles. “Yo había escrito la película pensando en Arón como protagonista. Les presenté la película en su propia casa. Su amistad de más de 10 años y su convivencia se percibe claramente en la química entre los personajes”.
La misma noche que se comprometieron con el proyecto, Piper, que compagina su carrera como actor con su trayectoria como cantante y compositor, le ofreció Chico raro, la primera canción que compuso y que volvemos a oír en una película desde 15 años y un día, de Gracia Querejeta (2013), por la que fue nominado al Goya en 2014: “Esta historia le parecía potente y le interpelaba mucho. Hablamos de un problema transversal que preocupa a toda una generación”.
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