Hablamos con Mat Whitecross, director de ‘Ídolos’: “Yo ya era un gran fanático de MotoGP. Para mí, es uno de los deportes más cinematográficos”

Hablamos con Mat Whitecross, director de ‘Ídolos’: “Yo ya era un gran fanático de MotoGP. Para mí, es uno de los deportes más cinematográficos”

Ídolos

El rodaje de Ídolos, de Mat Whitecross, se ha desarrollado en circuitos reales, en el marco de competiciones reales y con motos reales, incluyendo cameos de pilotos. Dosis, sí, de realidad para la primera película sobre el campeonato mundial de MotoGP, protagonizada por Óscar Casas. Hablamos con el director. 

Ídolos, la primera película sobre el campeonato mundial de MotoGP, cuenta la historia de Edu Serra (Óscar Casas), un joven piloto cargado de agresividad, con un único sueño: correr en la máxima categoría del Campeonato Mundial de Motociclismo. El problema es que ningún equipo confía en él. Por eso, cuando Eli (Enrique Arce), el jefe de Aspar Team, de Moto2 (la previa a MotoGP), le ofrece una oportunidad, no le quedará más remedio que aceptar sus condiciones. Aunque eso incluya, y aquí aparece la parte más personal de la trama, volver a relacionarse con su padre, Antonio Belardi (Claudio Santamaria, Melissa P.). Es más, tendrá que aceptar que Belardi, expiloto de MotoGP que abandonó a Edu y a su madre tras un accidente durante una carrera, se convierta en su entrenador. Belardi le pondrá una condición: nada de chicas, justo cuando Edu acaba de conocer a Luna (Ana Mena), una tatuadora en la que el joven piloto encontrará apoyo para subir su particular Everest.

Para dirigirla, buscaron a Mat Whitecross. El director británico, que venía de hacer videoclips con Coldplay o Take That, documentales, algún drama y películas políticas como Camino a Guantánamo o La doctrina del shock, no parecía la opción más evidente. Aunque ese background en el documental ha terminado por serle muy útil para ayudar a contar esta historia. A Whitecross le encantó la idea: “Yo ya era un gran fanático de MotoGP. Para mí, es uno de los deportes más cinematográficos que existe: tan hermoso de ver, tan peligroso y su sonido está hecho para el cine”, nos cuenta.

Ídolos se ha rodado en los circuitos de Misano (Italia), de las Americas (Austin), Motorland (Aragón), Motegi (Japón), Barcelona, Jerez y Valencia. Y se ha rodado coincidiendo con carreras reales, en medio de todo ese barullo de gente y nervios que son un paddock y una parrilla, de salida (primera vez que se hace) antes de que comience una competición.

Si se le pregunta, Whitecross tiene claro qué fue lo más complicado: “Asegurarme de que no pareciera que eran dos películas: por un lado, el drama; y, por otro, la película deportiva. Que estuviera unificado”. Por eso acabó optando por una mezcla entre una narrativa y una estética cinematográfica para la trama personal y algo más cercano al documental para lo deportivo. Dos realidades que se van desarrollando en paralelo y que cuesta entender la una sin la otra. “Hay que entender lo que está en juego, cuál es el drama para los deportistas, y lo que me gusta de la parte cinematográfica es que seguimos a un joven, entendemos los problemas de su vida, que es su única oportunidad, así que, inmediatamente, estás interesado en las escenas deportivas”, explica.

Captar todo lo que ocurre en un circuito de MotoGP fue su otro quebradero de cabeza. “No podíamos controlar el paddock ni lo que pasaba en la pista, así que cogimos a nuestros actores y lo rodamos casi como si fuera un documental, como si reaccionáramos a los acontecimientos”, desarrolla. La sensación es como la de estar viendo una carrera en directo por televisión, pero con el añadido que le da la pantalla grande y, especialmente, el sonido. Lo han cuidado tanto que han tenido en cuenta detalles como respetar el generado por cada moto, cada uno, único. “Todos tenemos en mente las imágenes de MotoGP –cuenta–, pero lo que realmente me impresionó es el sonido y es algo que queríamos hacer bien”.

‘Partners-in-crime’ del realismo

Más allá de las licencias narrativas, Whitecross quería realismo. Para lograr captar con la cámara el ambiente, la velocidad y el peligro, contar con pilotos profesionales y motos de competición auténticos era fundamental, pero no suficiente. Por eso el apoyo de Dorna, la empresa organizadora del Mundial de MotoGP, y la complicidad de Jorge Martínez ‘Aspar’ (con cameo incluido en la película), expiloto y CEO del equipo Aspar Team, iba a ser fundamental. “Dorna fue un gran apoyo. Conocimos a su equipo de cámaras porque saben captar esto mejor que nadie y nos ayudaron a entender qué podíamos hacer, dónde deberíamos poner nuestras cámaras, dónde podíamos ir, qué era seguro”, recuerda. “Tuvimos la suerte de poder usar las cámaras que tenían en las motos y nos dio intimidad y sentido de peligro con los pilotos”.

Aspar, por su parte, les dejó trabajar con su equipo y con los que, en el momento del rodaje, eran sus pilotos. “Estuvimos con Jake Dixon e Izan Guevara, dos de sus pilotos de Moto2, que nos ayudaron a entender cómo es ese mundo”, revela el director. Además, Aspar les asesoró con un guion que, cuenta Whitecross, también pasó por las manos de los pilotos Marc Márquez y Aleix Espargaró, entrenadores, propietarios… para entender qué era real y qué no.

Actores que digan sí

Con el asesoramiento garantizado, un storyboard diseñado al milímetro y el acompañamiento de Dorna en los escenarios reales, sólo faltaba encontrar a aquellos actores que quisieran meterse en un rodaje que, de primeras, cómodo no parecía. Los nombres de Óscar Casas y Ana Mena llegaron propuestos desde Warner Bros. “Sentí que Ana y Óscar tenían algo, pero nunca sabes realmente si habrá química hasta que llegas al set y me impresionaron”, confiesa Whitecross. “Cuando tuvimos a Claudio y a Enrique [Arce], nos dimos cuenta de que teníamos un gran casting”.

Hubo tiempo para ensayar, para repasar cada escena y crear un pasado para los personajes. Óscar tiró de documentales, entrevistas y ruedas de prensa. Ana se metió en el mundo del tatuaje. “Ha habido un trabajo de investigar, de saber cómo se hace de verdad, para no meter la pata porque se la ve tatuando”, cuenta sobre Luna. Después de varios años fuera de la interpretación, la cantante asegura que ha disfrutado de “un rodaje muy divertido, intenso y exigente por los tiempos y por la presión que se siente en las carreras”.

Para Óscar Casas, rodar en un entorno real le ha facilitado el trabajo. “Es adrenalina, los pilotos tampoco tienen segundas oportunidades y, cuando van a salir en el pit lane, se colocan las tres luces y a muerte con todo. Esa presión son sentimientos que podía incorporar al personaje”, asegura de un proyecto al que dijo que sí, entre otras cosas, por este tan buscado realismo.

Fotos: Getty Images

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