Llegó, vio y arrasó: su personaje en Yo no moriré de amor deja una huella tan profunda que el jurado del Festival de Málaga no pudo hacer más que darle el premio a mejor actriz. Con su luminoso y emocionante debut en el cine, tras experiencias en televisión y en los escenarios, no es arriesgado pensar que esta joven intérprete ha llegado para quedarse.
“Gracias por regalarme tu historia y tu piel”, dedicaba al recoger su galardón a mejor actriz en el reciente Festival de Málaga. Llegó sin hacer ruido, con el aval de una interpretación contenida, naturalista y de enorme calado emocional, en una película que homenajea a las miles y miles de personas que dedican su energía, tiempo y amor al cuidado de sus seres queridos. “Gracias”, decía, señalando a Marta Matute, directora y guionista que se abre en canal en la conmovedora Yo no moriré de amor, también ganadora del premio gordo del certamen contando algo parecido a su propia historia. Y quien pronunciaba esas palabras de estima era Júlia Mascort (Barcelona, 2003), protagonista del filme y también de estas páginas. Llegó a Málaga sin hacer ruido, porque muy pocos le habían seguido la pista hasta llegar a su debut en la gran pantalla. De hecho, había pocas pistas que seguir, porque su trayectoria profesional se reduce a un par de series de televisión (Com si fos ahir y Un nuevo amanecer), dos cortometrajes (Las chicas y La herida luminosa) y una obra de teatro (La festa), antes de cargar a sus espaldas con el peso de un largometraje y de un personaje que, muy probablemente, le van a cambiar la vida.
“Al anunciarse el premio, los periodistas empezaron a preguntarme por el gran futuro que me espera, por todo el trabajo que me vendrá, y por el Goya que podrían darme. Todos te dicen cosas así, pero no me gusta pensar en el futuro. Puede pasar cualquier cosa, no tengo ni idea y nadie la tiene. A mí me preocupa el día a día”, razona.

Y continúa: “Intento relativizarlo al máximo para no volverme loca. Algo que me ayuda a aterrizar todo esto es que yo volví de Málaga un domingo, y el lunes a las ocho de la mañana ya estaba en clase. Me estoy sacando una carrera, es mi prioridad”. Mirada azul y sonrisa que no abandonará en nuestra larga charla en la terraza de un bar de Barcelona, Júlia Mascort nos cuenta que cursa segundo de Diseño Gráfico en la BAU (“Me gusta muchísimo, pero la voy haciendo como y cuando puedo”), y que antes empezó un grado de Comunicación e Industrias Culturales que abandonó para trabajar en una tienda de artículos para el hogar. Y todo ello casi en paralelo a su formación y primeras experiencias como actriz.
¡SÍ, SOY ACTRIZ!
“No tengo ni idea”, suelta cuando le preguntamos por su vocación. “Siempre digo una cosa que a muchos amigos míos, que también se dedican a esto, les cabrea un poco. Creo que en los actores en general hay algo de querer ser el centro de atención, yo quería serlo desde pequeña. Y eso no es necesariamente malo”, confiesa entre risas. Todo empezó en la escuela, apuntándose a extraescolares de teatro. “Entendí que me encantaba porque nunca me daban papeles importantes y llegaba a casa llorando, en plan… joder, ¿soy malísima o qué? Creo que el profe me tenía un poco de manía”, se carcajea. De ahí, con nueve años, se inscribió en la escuela Eòlia, y un par de años después saltó a Laura Jou Estudi per a l’Actor, el centro comandado por la cineasta y prestigiosa coach de intérpretes. Allí se formó durante ocho años, hasta no hace tanto, y lo vio claro: “Te das cuenta de lo mucho que te motiva. Otra cosa es que te puedas acabar dedicando a esto. Por mucho que te formes, los actores solemos tener miedo de decir que lo somos, por la precariedad que hay en el sector. Hasta que te dan un primer trabajo, no le dices a nadie que eres actriz. Y a mí, aún así, me da cosa decirlo. Imagínate lo que pesa. ¡Soy actriz! Un profesor de la escuela siempre nos repetía: ‘Vosotros no hacéis, vosotros sois. Actores o actrices. Cuando hagáis un casting, ¡decidlo!”. El profesor en cuestión era un tal Gerard Oms, director de la nominada Muy lejos. “¡Es el mejor!”, sonríe Júlia.

Concha de la Rosa
Antes de llegar al casting de Yo no moriré de amor, Mascort pasó por la serie diaria de 3Cat Com si fos ahir: “No sé cuántos capítulos hice, estuve medio año. Agradezco mucho la oportunidad, había hecho un par de cortos, pero cuando te llaman de la tele toca celebrarlo por todo lo alto. Me sentí muy cómoda, aprendes a ser resolutiva porque ruedan a toda leche. Yo tenía mucha trama con Elena Gadel, y siempre me decía que esto era como ir al gimnasio”, ríe. “De no haber estado en la serie no me habría salido lo del teatro”. La obra era La festa, de Daniela Feixas, en un montaje del Teatre Nacional de Catalunya: “Lo gozamos mucho: seis actores jóvenes, con textos que hablaban de experiencias adolescentes en temas de violencia sexual, porno, etc. Una propuesta muy chula”.
ACTRIZ, DISEÑADORA Y… DJ
Volvamos a Yo no moriré de amor, al subidón del premio en Málaga (“Llegamos sin expectativas y enseguida vimos que el feedback era muy bueno, pero en absoluto me esperaba ganar; cuando me lo dijeron me caí al suelo, literalmente”) y al impacto de la ópera prima de Marta Matute: un relato sobre el prematuro y atropellado proceso de madurez de una adolescente que se ve convertida en cuidadora de su madre, diagnosticada de demencia frontotemporal. Junto a Sonia Almarcha, Laura Weissmahr y el también premiado en el festival Tomás del Estal, Júlia Mascort dibuja a uno de esos personajes que dejan huella. “Era el reto de mi vida. Cuando te dan el papel, recibes la noticia con euforia y felicidad, pero después viene la presión. Quieres estar a la altura, más porque es una historia real y quieres honrar la experiencia de Marta. Y te cagas de miedo. Tanto tiempo soñando una cosa y, al conseguirla, lo celebras pero a la vez piensas por qué no te está haciendo tanta ilusión”, se pregunta. Cuidado con lo que deseas: “Es bueno que actrices jóvenes, o no tan jóvenes, sepan que es normal sentirse así. Porque te vas a exponer muchísimo, vas a poner el cuerpo y la cara, y esa mezcla de emociones es natural, porque respetas el curro que vas a hacer”, sostiene, tirando balones fuera cuando le preguntamos si el efecto Málaga ha comenzado a notarse en forma de ofertas: “Es verdad que ha llegado algún mensaje de directoras de casting preguntando por mí. Nunca se sabe, pero que venga todo lo que tenga que venir”.
Cinéfila apasionada y muy fan de la obra de Céline Sciamma, lo que Júlia sí sabe es que, en pleno vendaval profesional, sigue encontrando un divertidísimo punto de fuga como DJ, pinchando en fiestas junto a su amiga Zoe Arnao (Las niñas). Juntas forman el dúo P de Pijas: “Nos encanta hacer cosas locas, acompañando la música con performances. Con la broma ya llevamos bastante haciéndolo, y seguiremos mientras podamos”, remata.
