Hablamos con el cineasta Jean-Paul Salomé sobre La copia perfecta, la historia de Czeslaw Jan Bojarski, el Cézanne de los falsificadores. Un artista solitario y antisistema protagoniza este biopic, que pone el foco en el racismo de la Francia de la posguerra.
Menuda vida de película la de Czeslaw Jan Bojarski. Durante la Segunda Guerra Mundial, este refugiado polaco, ingeniero e inventor que nunca logró patentar sus ideas, falsificaba documentos para judíos perseguidos por el nazismo. Terminada la contienda, casado y con dos hijos que alimentar, trasladó su talento de los pasaportes a los billetes. Durante años mantuvo una doble vida: “Desde fuera, pasaba por un tipo normal, padre de familia en un barrio corriente. Era cualquier cosa menos un héroe, hasta que cruzaba su jardín y se metía en el cobertizo”, cuenta el director Jean-Paul Salomé. Era en su escondite donde su arte tomaba forma de dinero falso. Considerado el Cézanne de los falsificadores, su maestría burlaba todos los controles, pero tenía su precio. “Creando en su taller, vivía una especie de exaltación artística, de placer intenso que le impedía ver pasar el tiempo. Pero se creó una burbuja que le alejó de su familia”, continuaba Salomé durante el BCN Film Festival. “Quise que el espectador sintiera toda la soledad del personaje”.

En La copia perfecta, el público también es testigo del desprecio que sufría Bojarski por su origen polaco, desde jefes que le pagaban una miseria hasta policías que lo cacheaban gratuitamente. La lectura actual se hace sola, como explica el director: “No era un delincuente ni un gánster, luchaba contra un sistema que no le permitía trabajar de lo suyo. Quise hablar de la inmigración porque, en aquella Francia, los polacos eran tratados como más tarde se trató a italianos y españoles. O, ahora, a otras olas de inmigrantes. La trama se sitúa en los años cincuenta, pero la historia conecta con la actualidad y el espectador entiende perfectamente el conflicto”.
Protagonizada por Reda Kateb y Bastien Bouillon, en los papeles de falsificador y comisario empeñado en darle caza, La copia perfecta bebe confesadamente de referentes como Heat —al igual que hizo Michael Mann, Salomé solo cruza a sus protagonistas en una escena— y de todo un icono del cine francés: “El nombre del comisario Mattei está sacado del personaje de Bourvil en Círculo rojo, una película que vi con diez años y que me marcó profundamente. La obra de Jean-Pierre Melville me dio ganas de hacer cine”. Director de filmes como Arsène Lupin (2004) o Espías en la sombra (2008), Salomé regresa al cine de época de influencias clásicas. “Quería usar la gramática de las películas que veía de niño y adolescente, y que despertaron mi pasión por el cine. Sin ejercicios de nostalgia porque hay que llegar a los espectadores de hoy. Pero mi sensibilidad y mis influencias son las que son”, remata.
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