La isla de Amrum cuenta la historia de infancia del cineasta Hark Bohm. Tras la muerte de este, el turcoalemán Fatih Akin decidió dirigir el guion del que fuera su mentor y habitual colaborador.
Cuando recibió de su amigo Hark Bohm la propuesta de llevar a la pantalla su último guion, inspirado en sus años de infancia en la isla de Amrum, Fatih Akin inicialmente no creyó ser la persona adecuada para el proyecto. “Cuando le animé a escribir una película sobre su propia vida, poco podía imaginar que sus problemas de salud le impedirían dirigirla él mismo”, recuerda el director turcoalemán sobre su veterano colega, fallecido el año pasado. “Su historia transcurre en la Alemania rural a finales de la Segunda Guerra Mundial, y yo crecí en los años 70 y 80, entre el ajetreo urbano de Hamburgo y en el seno de una familia de inmigrantes turcos. Son mundos muy distintos”. Pese a ello, Akin decidió dirigir La isla de Amrum en homenaje a quien había sido su mentor y colaborador en varios de sus trabajos previos.
La película cuenta la conmovedora historia de un niño de 12 años, hijo de dos nazis convencidos, que intenta sortear las duras realidades de la guerra y, en el proceso, se ve obligado a perder la inocencia infantil. Tras el suicidio de Hitler, su madre (Diane Kruger) cae en una profunda depresión y solo se alimenta de pan blanco, mantequilla y miel… conseguir esos alimentos básicos en tiempos de estricto racionamiento se convierte en la misión del pequeño.

Mientras lo acompaña en su viaje, La isla de Amrum se recrea contemplando la inmensidad del Mar de Frisia, primeros planos de gansos salvajes en vuelo, el brillo de un cielo estrellado y, en otras palabras, un tipo de imágenes hasta ahora inéditas en el cine de Akin; nada que ver con las texturas propias del cine de intriga de En la sombra (2017) ni con la aspereza visual de Contra la pared (2004), el largometraje que le proporcionó el Oso de Oro de la Berlinale.
“Como todas mis películas, eso sí, La isla de Amrum habla de la búsqueda de una identidad propia, algo que a mí me resultó muy complejo”, confiesa el director. “La sociedad alemana me consideraba turco a pesar de que aprendí a leer y escribir en alemán, vi mis primeras películas en alemán y fui a una escuela de cine alemana. Pero Goethe dijo que la educación es lo que otorga la patria, así que Alemania forma parte de mi alma aunque no la lleve en los genes”. Asimismo, dice haber concebido Amrum como una reflexión sobre el peso que los crímenes del nazismo siguen imponiendo sobre un país que, a su juicio, está “cegado por sus traumas y por su sentimiento de culpa, y eso ha determinado que ahora, durante el genocidio que tiene lugar en Gaza, esté llevando tan lejos su apoyo a Israel”.
