Joel Edgerton protagoniza ‘La plaga’: “La crueldad es un deporte para los niños y la motivación es la supervivencia”

Joel Edgerton protagoniza ‘La plaga’: “La crueldad es un deporte para los niños y la motivación es la supervivencia”

La plaga

Joel Edgerton es el entrenador de un club de waterpolo con niños de 12 años que tienen una perversa tradición en La plaga. Hablamos con el actor australiano sobre acoso escolar, su trabajo como productor y su futuro como director.

“¿Qué sucede cuando formar parte de un grupo entra en conflicto con tu sistema de creencias, tu empatía o tus valores?”, se preguntó Charlie Polinger cuando se puso a escribir su opera prima, La plaga (estreno en cines 30 de abril), un drama de terror psicológico estrenado en Cannes el año pasado. “Creo que esto se aplica a todos los niveles: político y cultural. Sin duda, se ve que esto ocurre ahora mismo en el mundo, y no solo con los jóvenes”.

Eso les pasa al grupo de chavales dentro de un club de waterpolo en el que tienen una siniestra tradición: elegir a uno al que le dicen que tiene “la plaga”, una enfermedad contagiosa por la que no pueden acercarse a él o bañarse con él. “En privado, algunos de los niños no están de acuerdo, pero saben que si se oponen les marginarán o se lo harán a ellos”, cuenta Polinger. El director debutante pensé en Joel Edgerton (Sueños de trenes) desde el principio para el papel principal del adulto, el entrenador de estos chavales. Y el actor australiano decidió involucrarse también como productor para sacar adelante la película y que su mensaje llegara lo más lejos posible. “Me pareció que estaba viendo algo así como La chaqueta metálica para niños de 12 años”, explicaba en Cannes, donde tuvimos la oportunidad de entrevistarle. “Tengo hijos y pienso: no sé cómo voy a afrontar esa etapa de sus vidas… Es la crueldad accidental, es la crueldad en busca de una risa o es la crueldad en busca de pertenencia, pero no es crueldad por la crueldad, lo cual es lamentable, pero comprensible”.

¿Cuál es tu experiencia con el acoso escolar?

Bueno, mi primera película como director, El regalo (2015), iba sobre ello, sobre el recuerdo y las consecuencias de ello 20 años después. Es un tema importante, muy relevante para mí. Un amigo mío sabía que lo era y me dio el guion de Charlie Porlinger y me dijo: «Sé que te va a gustar». Lo leí y enseguida pensé que cómo podía ayudar a que se hiciera esta película. Creo que es porque lo viví todo de niño. Porque La plaga, sobre todo a través de los ojos de Ben, trata de cómo Ben se da cuenta de que, para sobrevivir, necesita unirse a un grupo. Y unirse al grupo tal vez signifique excluir a alguien más. Así que intenta lidiar con ambas caras de la moneda. Y sé muy bien lo que era sufrir acoso escolar. Intenté que mi padre me ayudara, no para que me ayudara a que parara, sino para contarle lo que me había pasado. Y mi padre se involucró. Y, como cuenta la película, la intervención de un adulto puede empeorar la situación. Porque mi padre llamó al colegio, estos chicos se metieron en problemas por lo que me habían hecho. Así que sabía lo que era, lo cual es increíble si pensamos que, después de eso, lo que aprendí de la experiencia fue que la forma de sobrevivir era formar parte del grupo. Y ser cruel con los demás, ¿sabes? No soy el cabecilla, pero participo en la crueldad. Y lo interesante, y creo que Charlie lo ha plasmado bien en esta película, es que la crueldad no es la intención. La motivación es la supervivencia. Y la crueldad es un deporte para los niños. Y a cierta edad, todavía no han aprendido que el efecto de ese deporte es que pueden destruir el bienestar de otras personas. 

¿Y es más difícil ahora que eres padre? ¿Con tus hijos? 

Los míos solo tienen cuatro años. Tengo gemelos. Pero estoy empezando a oírles decir: “Estaba jugando con un juguete en el cole y alguien me lo quitó”. O “este niño no me deja jugar en este columpio”. Y como padre quizá pienses “¿dónde está ese niño que no te deja jugar?”, pero básicamente no puedes hacer nada porque tienen sus propias reglas, sus propias leyes, se gobiernan a sí mismos y cuando no estás cerca, no sabes cómo se hablan entre ellos ni cómo se comportan. Es una locura.

La película te hace preguntarte de dónde viene esta crueldad. ¿Si es culpa nuestra, por lo que ven alrededor, o es algo natural?

Creo que somos animales, ¿no? Creo que todos somos animales. Y nos gusta pensar que están los animales y luego están los humanos. Pero somos parte del reino animal. Y estamos programados para sobrevivir. Y creo que la crueldad a menudo está motivada por el mecanismo de supervivencia. Cuando estábamos haciendo El regalo, a menudo les decía que me sentía como en la escuela… Una vez vi un documental sobre un abrevadero en África. Y el agua estaba disminuyendo. Y todos los animales venían a beber. Y tienes crías de antílope bebiendo de la misma agua que los cocodrilos, están los animales dóciles y los animales salvajes. Y la escuela es como beber en un abrevadero africano marchito. Algunos somos atletas exitosos. O somos carismáticos. Y otros no. Y descubres que hay una jerarquía. Y algunas personas, tristemente, son marginadas, excluidas o canceladas. Y son devoradas por los depredadores más grandes. Así es la escuela.

¿Sientes que algo ha cambiado con el tiempo en los colegios, entre los niños de esa edad? 

Para nada. No creo que haya cambiado en absoluto. Recuerdo que mi cuerpo tardó más en desarrollarse que el de otros niños de mi clase. No fui el último en desarrollarme, pero desde luego no fui el primero. Ni siquiera estuve en la ola intermedia. Y recuerdo sentirme muy cohibido por eso. Y curiosamente, recuerdo que había un chico en nuestra clase que medía 1,83 m a los 14 años y tenía vello en las axilas. Y por alguna razón, eso era motivo para que lo marginaran porque se había hecho hombre demasiado pronto. Te molestan por no ser hombre a la edad adecuada. Te molestan por ser hombre demasiado pronto. Y piensas: ¿por qué nos burlamos de este chico? Si midiéramos 1,83 m, tendríamos suerte. Parece que en la zona intermedia, es donde está la zona más segura.

¿Y eso cambia cuando nos hacemos adultos?

Para nada, y solo hay que mirar a los líderes de hoy en día. ¿Acaso no nos están enseñando que está bien acosarnos entre nosotros? Uno esperaría que los niños pudieran mirar a los adultos y pensar: “Bueno, puede que sean aburridos, pero al menos puede ser una buena persona como ellos”. Lo ideal sería que los adultos les mostráramos el camino correcto, y no creo que eso sea lo que están viendo en las noticias, en las redes sociales, en la política, en los negocios. Entonces, ¿cómo esperamos que los niños también sigan el buen camino? 

Eres productor en La plaga, ¿hasta qué punto te involucraste?

Cada vez que he producido una película, excepto las mías, generalmente mi participación como productor está en las primeras etapas. Por ejemplo, para esta, se trató de leer el guion, conocer a Charlie, reconocer, por sus cortometrajes, que iba a ser un cineasta especial y pensar en cómo ayudarle. Se trataba de hacer contactos, ayudarle a conseguir financiación, involucrarme como actor para, al menos, dar a la película, desde el principio, la sensación de que iba por buen camino. Y creo que otra de mis fortalezas como productor es reconocer dónde no soy útil y no inmiscuirme en las decisiones tomadas ni pretender cambiar el montaje. Aunque, sí, si me invitan al proceso de posproducción, daré mi opinión, aunque solo opinión. Les ayudé a financiar la búsqueda de localizaciones por todo el mundo para que pudieran enviar equipos a averiguar dónde íbamos a rodar. Canadá, Europa del este, EE UU… Como casi todo ocurría dentro de una piscina, podíamos rodar donde quisiéramos, y acabamos rodando en Rumanía.

¿Participaste en el casting de los niños?

Era algo clave, Charlie me fue mandando las pruebas que iba haciendo y recuerdo que me sorprendió mucho la elección del matón, que tuviera el aspecto de Kayo Martin, tan dulce en principio. Pero Charlie es muy listo, Kayo es un influencer en Instagram, sabe muy bien cómo comportarse. Domina cualquier lugar al que va. Me daba mil vueltas con sus palabras, hasta el punto de que me daban ganas de estrangularlo. Me imagino que su madre quiere hacer eso todo el tiempo [risas]. Creo que el reparto de la película la elevó a otro nivel. Me sorprendió el talento de todos. Charlie sabía a quién dejar improvisar y a quién guiar. Formaron un grupo muy divertido y cada uno aportaba su propia experiencia respecto al acoso escolar y la bondad. Porque todos tenemos una historia. Creo que la escuela tiene elementos traumáticos para todos, especialmente la adolescencia. 

¿Puedes comparar tu pasión como actor con tu pasión como director? ¿Es similar? 

Es bastante parecida, siempre y cuando me entusiasme de verdad lo que estoy haciendo. Pero ahora tiendo a involucrarme solo en cosas que realmente me apasionan. Lo siento como un lujo. 

¿Así que ahora puedes rechazar proyectos? 

Sí, quiero decir, no hago nada si sé que no va a ser un reto o algo interesante. Ahora que tengo una familia a la que volver a casa, pero también quiero poder mantenerla. Creo que mis decisiones han cambiado un poco, por ejemplo, no hago algo que me apasione si está en un rincón lejano del mundo. No puedo estar lejos de mis hijos más de dos semanas. Si el proyecto incumple esa regla, puede que no lo haga. No he dirigido desde la pandemia. Y luego tuve a los niños y pensé: ahora que ya van al colegio, quizá esté preparado para volver a hacerlo.

¿Tienes alguna idea? 

Tengo algunas, sí. Me interesa mucho el suspense psicológico. Y me interesan muchísimo los problemas de salud mental. Así que me interesaría plasmar todo eso en una película y analizar cómo todos vivimos la vida fingiendo que estamos bien cuando quizás no lo estamos, y cómo eso puede afectar nuestras relaciones con los demás. 

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