Laura Casabé dirige ‘La virgen de la tosquera’: “Queríamos un tipo de violencia agresiva, muy sensorial”

Laura Casabé dirige ‘La virgen de la tosquera’: “Queríamos un tipo de violencia agresiva, muy sensorial”

Laura Casabe La virgen de la tosquera

Adaptación de dos relatos de Mariana Enriquez, ‘La virgen de la tosquera’, de Laura Casabé (estreno en cines 23 de enero), es una fábula oscura que fusiona mito y deseo en una comunidad atravesada por la marginalidad, la violencia y el misterio.

¿Cómo nació tu vínculo con la literatura de Mariana Enriquez?
En 2019 una amiga me recomendó su obra. El primer cuento suyo que leí fue El carrito. Quedé completamente magnetizada: yo siempre fui lectora de terror, pero sentir esa voz tan argentina trabajando el género fue algo epifánico.

La película parte de dos de sus cuentos: además del que mencionas, se basa también en La virgen de la tosquera.
Al leer este segundo, sentí una identificación inmediata: esas chicas eran las mujeres que yo conocía, mis amigas. Me resonaba todo. Ahí tuve la sensación de que era un material con el que quería trabajar.

¿Cómo fue el trabajo con Benjamín Naishtat, el guionista?
Primero le propuse el proyecto a Mariana y, junto a los productores, pensamos en quién podía adaptarlo. Benjamín apareció con una mirada muy aguda y una interpretación propia del universo de Enriquez.

Inicialmente teníais en mente tres cuentos.
Al principio queríamos hacer un filme episódico, pero pronto nos dimos cuenta de que no funcionaba. De El carrito y La virgen de la tosquera surgió la certeza de situar la historia en 2001 y construir un coming of age de terror; ambos dialogaban entre sí y tenían una atmósfera común.

La película fusiona varios géneros: terror sobrenatural, coming of age, drama psicológico, cine social…
Para mí, el género es un lenguaje ideal para reflexionar sobre dramas íntimos y sociales. Me interesa el cine difícilmente clasificable. En ese sentido, Enriquez fue inspiradora: su literatura ya propone esa hibridez.

¿Alguna influencia cinematográfica?
Lucrecia Martel estuvo siempre ahí; casi te diría que la estudié plano a plano. También el cine argentino de los 2000, aunque esta película es una cierta respuesta a esa tradición tan masculina. Y, por supuesto, David Lynch, que fue clave para pensar lo ominoso del suburbio.

Mencionas a Lynch. ¿En qué aspectos fue clave su trabajo?
En esa manera de retratar lo inquietante e innombrable. Trabajamos mucho sobre Mulholland Drive y Blue Velvet: cómo construir un clima suburbano cargado de amenaza.

La virgen de la tosquera

Más allá del terror, la película tiene un componente muy carnal y violento, en línea con la película Crudo, de Julia Ducournau.

Queríamos un tipo de violencia agresiva, muy sensorial. También hubo referencias pop: el videoclip de Black Hole Sun, de Soundgarden, o la música de The Cure. Buscábamos esa fusión de melancolía suburbana y futuro obturado.

En este sentido, la sangre aparece como un motivo recurrente en la película.
Vivimos rodeados de violencia real y, sin embargo, nos impacta más la violencia gráfica del cine. Ese contraste me interesa mucho.

La protagonista, Dolores Oliverio, debuta en cine. ¿Cómo llegaste a ella?
Hicimos un casting abierto durante dos meses. Dolores fue la última en aparecer. Lo vi claro: tenía un magnetismo muy particular y un talento crudo, ajeno a arquetipos actorales.

Laura Casabe La virgen de la tosquera

¿Cómo fue el trabajo con ella?
Ensayamos durante dos meses. Improvisamos, repetimos escenas y, sobre todo, trabajamos la construcción del grupo de amigos. La única forma de capturar esa intimidad era que pasaran tiempo juntos.

El personaje de Dolores atraviesa contradicciones profundas. ¿Qué te interesaba explorar en ella?
No quería victimizarla ni romantizar el lugar de la mujer víctima. Buscaba acompañarla sin juzgar sus decisiones, incluso las más extremas. Ella encarna un deseo femenino complejo, lleno de fuerza.

Volvamos al 2001. ¿Por qué situar la historia en ese momento?
Porque yo tenía la misma edad que los personajes durante esa crisis que sufrió Argentina. Recuerdo muy claramente esa sensación de futuro incierto al salir de la adolescencia. Fue un momento que nos marcó generacionalmente.

¿Dirías que dialoga también con el presente del país?
Totalmente. Aunque las circunstancias sean distintas, hay algo en la juventud actual que también vive con un horizonte incierto.

¿Qué te gustaría que resonase en los espectadores tras ver la película?
La idea de que lo íntimo y lo social están siempre entrelazados. Y que el terror puede ser una lente poderosa para mirar de nuevo cosas que creemos naturales y que quizá nunca terminamos de entender.

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