Lav Diaz contra el mito de la civilización en ‘Magallanes’

Lav Diaz contra el mito de la civilización en ‘Magallanes’

Magallanes

En Magallanes, protagonizada por Gael García Bernal, el director filipino Lav Diaz (The Woman Who Left) cuestiona la Historia enseñada sobre el conquistador portugués en su película más accesible.

Al menos de acuerdo a los estándares del cine de Lav Diaz, Magallanes vendría a ser un blockbuster. Después de todo, se trata de un biopic épico basado en una figura histórica universalmente conocida y protagonizado por el primer actor de fama internacional en colaborar con el director, Gael García Bernal; además, es su primera película en color desde la que lo erigió en un autor aclamado por la cinefilia, Norte, the End of History (2013), y exhibe un montaje relativamente ágil comparado con la colección de largos planos fijos que suelen componer su cine. Y dura solo 2 horas y 43 minutos, lo que la convierte en algo parecido a un corto en su filmografía habida cuenta de su querencia a las duraciones extraordinariamente largas: una decena de sus largometrajes superan las cinco horas, y Evolution of a Filipino Family (2004) alcanza las 10 y media.

Todo eso hace de Magallanes la película más accesible hasta la fecha por parte de un director que ha ganado grandes premios en festivales –como el Leopardo de Oro en Locarno por From What Is Before (2014) y el León de Oro en Venecia por The Woman Who Left (2016)–, pero que ha sido mayormente ignorado por los circuitos comerciales internacionales. Eso, ojo, no significa que Diaz se haya vendido. En consonancia con el resto de un proyecto cinematográfico centrado en lidiar con el peso de la historia colonial filipina, la nueva película fusiona lo político y lo sensorial para destruir con contundencia cualquier imagen romántica sobre Fernando de Magallanes. Para ello se centra sobre todo en la expedición española que el explorador encabezó desde 1519 en busca de una ruta occidental hacia las Islas de las Especias, y que acabó resultando tanto en su propia muerte en Filipinas dos años después como en la primera circunnavegación de la Tierra. El director, eso sí, centra el relato en los pueblos indígenas austronesios y en el sufrimiento, la muerte y la destrucción provocados por las delirantes ambiciones de conquista de aquel hombre. “En mi país, Magallanes es una figura omnipresente en nuestra historia, en nuestra cultura”, explica el director. “Hay canciones de rock y pop dedicadas a él y chistes sobre él, y en la escuela les enseñan a los niños cómo, supuestamente, nuestro territorio fue descubierto por él. Su nombre está por todas partes”.

Rodada entre Filipinas, Portugal y Cádiz, coproducida por el director catalán Albert Serra y filmada por el cinematógrafo habitual de este, Artur Tort, la película se compone de imágenes de gran riqueza pictórica que evocan las obras de J.M.W. Turner, Eugène Delacroix, El Bosco y Pieter Brueghel el Viejo; mientras su decisión de no representar de forma explícita las sangrientas batallas para mostrarnos en cambio sus espeluznantes secuelas concuerda con su rechazo a cualquier presentación grandilocuente de los invasores. Entretanto, Magallanes ofrece la que sin duda es una de las mejores interpretaciones de García Bernal, un actor nada ajeno a relatos históricos complejos: si en Diarios de motocicleta (2004) resucitó el fantasma del Che Guevara, en No (2012) rememoró el referéndum que en 1988 acabó con el pinochetismo en Chile. “Puedo comprender la posición de Magallanes”, confiesa el mexicano. “Sí, acabó sembrando la semilla de una colonización, pero era un hombre impulsado no por el ego sino por una visión del mundo en la que el descubrimiento de un estrecho entre dos océanos se consideraba ‘el regalo más hermoso que Dios ha dado jamás’”.

Asimismo, con la película Lav Diaz también trata de socavar la narrativa sobre Magallanes que impera en su país. En lugar de ceñirse a la visión ortodoxa de la muerte del explorador como una gloriosa victoria contra el colonialismo, Diaz retrata a los jefes indígenas como manipuladores que utilizan al portugués como un instrumento en sus propias maniobras políticas. “Mi cine es una invitación a cuestionar lo que nos han enseñado; a desmontar el mito de la civilización, que ha justificado tantos horrores cometidos por los colonizadores europeos”, asegura el director, consciente de que su mirada a ese pasado funciona también como espejo de nuestro presente. “La película nos habla del impulso destructor y saqueador del capitalismo, que se ha mantenido implacable a lo largo de los siglos”, remata.

También te puede interesar:

© REPRODUCCIÓN RESERVADA