Tres de las películas más nominadas y vistas de este año: Romería, Sirât y Maspalomas, en las tres ha trabajado la directora de casting María Rodrigo, que pone el foco en el oficio, en el trabajo acompañado por encima de la suerte o las casualidades.
Como ocurre con casi todo: es fácil decirlo y explicarlo, lo difícil es lograrlo. Con el trabajo de casting también es así. Más. Visto a posteriori y desde fuera, conseguir el reparto perfecto para una película puede resultar sencillo. “Ese actor nació para ese papel”, “imposible ver a otra actriz en ese personaje”… Frases hechas, lugares comunes que escuchamos y hasta decimos sin pensar a menudo en el largo y cuidado proceso de trabajo que hay detrás de la elección de cada intérprete en un filme o una serie. O incluso, sin pararnos a pensar tampoco en la trayectoria, formación y experiencia de esos intérpretes para que hayan acabado clavando a ese personaje por el que ahora reciben una nominación o un premio.
Ejemplo: Jose Ramon Soroiz, se ha llevado todos los premios este año por su trabajo como Vicente en Maspalomas (se llevará el Goya este sábado, salvo increíble sorpresa), aunque asociado a otro tipo de proyectos, de género, es un actor con cinco décadas de experiencia. No ha caído del cielo, ni el papel, ni su trabajo. En este caso, los Moriarti y María Rodrigo (que ya habían trabajado juntos en Cristóbal Balenciaga y Marco) pensaron en él muy al principio, pero antes y después de ese maravilloso personaje y el viaje que hace de la libertad a la represión había y hay mucho trabajo.

Jose Ramon Soroiz como Vicente en ‘Maspalomas’.
Trabajo de escudero
Desde el que dice una frase hasta el protagonista. Todos los tienen que escoger el director o la directora de casting, que trabajan con directores, productores o showrunners desde el principio, muy al principio, en un trabajo de acompañamiento durante meses. Acompañar es un verbo clave para María Rodrigo, la directora de casting que está detrás de los repartos de tres de las películas más celebradas y nominadas este año a los Goya como son Romería, Maspalomas y Sirât. “Me gusta mi trabajo precisamente por lo que tiene de escudero, me gusta esta función de acompañar al otro, que haga de su proyecto el mejor posible”, explica.
Para María “el objetivo es tener al mejor actor en cada caso, sea quien sea”. De nuevo, parece obvio, muy fácil decirlo, pero no tanto lograrlo. Para ello, empiezan muy pronto con una primera y muy amplia lista de nombres (“Hay veces que hay actores que no saben ni que han estado en esa lista”, cuenta), de ahí, dependiendo del tiempo que se tenga en cada proyecto, van llamando, conociendo, haciendo pruebas. “Nuestra función en la industria es ampliar las posibilidades, que más gente tenga acceso a trabajar y que también los directores tengan más donde elegir, que conozcan más, que amplíen un poco su abanico y que cada película suya también sea diferente”.
La lista se va acotando hasta encontrar a esos actores y actrices con los que “crear una atmósfera, una comunidad que tenga coherencia para cada uno de los personajes, desde el primero al último”. En su caso personal, María Rodrigo intenta encontrar siempre un equilibrio entre “gente que empieza con actores que dan seguridad, que son estos secundarios o actores de reparto que te dan también un color a la película”. Aunque, buscando precisamente “al mejor en cada caso”, se puede acabar con un reparto “con muchas caras conocidas” o “una peli donde al final todo el mundo es absolutamente desconocido”.

Casting sin prejuicios
María Rodrigo cayó en este oficio desconocido del cine casi por casualidad, después de estudiar guion en la ECAM (“Por pasar unos años centrada en escribir”, aclara), estaba trabajando en otras cosas y una amiga se acordó de ella cuando la directora de casting Sara Bilbatúa buscaba una ayudante. Hizo las entrevistas y estuvo 10 años con ella, hasta que decidió parar, no segura de si se iba a seguir dedicando a esto. Entonces le llegó el proyecto de la serie Hierro y se lanzó, acompañada de un amigo. “Estuvimos ahí los dos, mano a mano, por las islas, viendo gente, buscando gente y me cambió la vida, la verdad. Primero, porque lo disfruté muchísimo y luego, porque el resultado fue sorprendente para mí, porque creo que de las cosas que se destacaron mucho de la serie fue el casting”, cuenta. Y así fue, Candela Peña resurgió, como ella misma contaba entonces, gracias a ese papel de implacable y empática jueza. Y María Rodrigo desde entonces no ha parado. “Precisamente porque el primer ejemplo fue aquel, creo que me han seguido llamando para proyectos donde he tenido la capacidad de ser creativa”, dice. Creatividad: es algo que parece obvio también en la elección del casting, pero no lo es tanto.
Mantenerse libre de prejuicios y liberar también de ellos a los directores, productoras o plataformas con la que trabaja, conocer el trabajo y posibilidades de tantos actores y actrices como sea posible, abrir los ojos por las calles… son muchas de las cualidades necesarias para una directora de casting, para esta escudera para la que también es fundamental conocer al director y su modo de trabajo, “para un poco emular cómo ellos van a trabajar después y con qué tipo de persona yo veo que se entiende mejor, y crear un grupo de trabajo funcional, en donde todo el mundo sea feliz y al final el resultado sea el mejor posible”, explica. “Yo creo que si la gente no está a gusto y no se entiende el resultado no va a ser el mejor posible”.
Es por eso que a los directores de casting también les hacen casting. Con Carla Simón, por ejemplo, María pasó “dos o tres entrevistas” antes de empezar a trabajar en el proceso para encontrar el reparto de Romería. Un proceso muy largo, de meses, por Madrid, Vigo y Barcelona, que también define como uno de los mejores de su carrera, experiencias por las que le gusta lo que hace. “En todos los perfiles hicimos pruebas, tanto a actores profesionales como no profesionales, conocidos como desconocidos, y, al final, es el ejemplo perfecto de que esté en cada lugar la mejor opción, ya libres de juicio en ese sentido”, explica y señala el caso de Miryam Gallego, que interpreta a la tía de la protagonista por la que está nominada a los Goya.

“Esto es importantísimo, que actores de toda la vida, con una solvencia súper demostrada, que son fantásticos, son fabulosos, son buenos compañeros además, tienen que estar, tienen que trabajar”, subraya. “El caso de Miryam es fenomenal… Ha habido una época en la que parecía que si estabas en un tipo de producción ya tenías que quedarte ahí, y no es verdad. Qué menos que verlo, y qué menos que confiar, libre de prejuicios, para eso Carla es estupenda, es una directora que está tan a favor de ver, y que le dedica mucho tiempo, antes de encontrarlos, de ensayar con ellos, de trabajar con ellos”.
María Rodrigo pone mucho el foco en el oficio (ahí mete también el caso tan celebrado este año de Carlos Bernardino en la serie La suerte) para quitárselo un poco a esas historias de epifanías y suertes… Que ocurren, claro, como les pasó en Romería con Llúcia Garcia. Pero sí solo nos centramos en eso… “Parece que a todo el mundo se lo encuentran en la calle o se lo encuentran porque ha acompañado a alguien y que todo el trabajo que hacen tantos actores jóvenes no sirve de nada porque al final todo es casualidad… –y asegura–. Y no es verdad para nada”.
Aunque haya increíbles casos de revelación (como este año también puede ser el de Blanca Soroa en Los Domingos), centrarse en ellos parece que “le da más valor al resultado a que haya habido un trabajo detrás, que no ha caído del cielo”. Por eso no le gusta hablar de “descubrir” actores o actrices, que les quita el valor a lo que hacen, y prefiere hablar, de nuevo, del trabajo, de acompañar y de crear en conjunto.

La cuadrilla de ‘La suerte’.
