Russell Crowe es Hermann Göring en Núremberg, adaptación del libro de no ficción sobre la relación entre el que fuera mano derecha de Hitler y un psiquiatra al que da vida Rami Malek. Hablamos con el director James Vanderbilt en el Festival de San Sebastián.
Cuando la Segunda Guerra Mundial acabó en Europa, recordemos, las naciones aliadas vencedoras –EE UU, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética– emprendieron un conjunto de procesos judiciales para asegurarse de que los miembros supervivientes del régimen nazi pagaran por las atrocidades que habían cometido en nombre del Tercer Reich. Ahora Núremberg (estreno en cines 28 de noviembre), la segunda película como director de James Vanderbilt, tras La verdad (2015), rememora el primero de esos juicios, celebrado a finales de 1945 contra diversos comandantes alemanes de alto rango, y para ello se inspira en el libro de no ficción de Jack El-Hai, El nazi y el psiquiatra (2013), que explora la compleja relación entre el médico del ejército estadounidense Douglas Kelley y los 22 encausados que esperaban a ser juzgados como criminales de guerra.
En concreto, Núremberg propone un duelo psicológico entre el doctor y el más notorio de esos pacientes, Hermann Göring, en su día mano derecha de Adolf Hitler. Por un lado, Kelley debe vigilar la salud mental del que fuera comandante en jefe de la Luftwaffe y de sus compañeros de cárcel con el objetivo de impedir posibles intentos de suicidio antes de que sean llevados ante la justicia; en la misión ve la oportunidad de definir psicológicamente el mal para contribuir a su prevención, pero también la de obtener material con el que escribir un libro superventas. Por el otro, Göring desea subirse al estrado para tener la posibilidad de defender ante el mundo los ideales nazis a los que aún se aferra, y para erigirse en mártir sin asumir jamás responsabilidad alguna por el Holocausto. Rami Malek es el actor encargado de dar vida al primero, y Russell Crowe se mete en la piel del segundo. “Todos los historiadores coinciden en que Göring era un hombre increíblemente carismático y magnético; alguien dijo una vez que era el invitado ideal a una cena, y decir eso de un nazi es mucho decir”, explica Vanderbilt. “Yo necesitaba a un actor capaz de encarnar ese encanto y esa capacidad seductora, y no se me ocurrió ninguno mejor que Russell para hacerlo”.

En la carrera de Vanderbilt destacan los guiones de películas basadas en hechos reales como Zodiac (2007) y la que significó su debut como director, La verdad, pero también los de fantasías como The Amazing Spider-Man (2012) y Megalodón (2018). A la hora de escribir Núremberg, asegura, trató de aunar las sensibilidades dispares que ambos tipos de cine encarnan. “Sentí que esta película debía transmitir seriedad, pero también quería que fuera emocionante y entretenida, y comprendí que para transmitir la gravedad de las atrocidades cometidas durante la guerra debía evitar la excesiva pesadez. Como espectador, lo último que quiero es sentir que una película me está sermoneando”.
Inevitablemente, Núremberg será comparada con la primera ficción que abordó aquel proceso contra el nazismo, ¿Vencedores o vencidos? (Stanley Kramer, 1961). Si aquella predecesora pasaba buena parte de su metraje en los tribunales, la nueva película en realidad no se adentra en ellos hasta su tramo final, aunque eso no le impide incluir en su metraje las terribles imágenes de archivo tomadas en campos de concentración, llenas de cuerpos mutilados y en descomposición, que vieron la luz por primera vez en los juicios. Esas perturbadoras escenas funcionan a modo de impactante recordatorio de las lecciones que el Holocausto dio al mundo, y que ocho décadas después parecen haberse olvidado por completo.

“Desgraciadamente, mi película es muy relevante en el presente y lo seguirá siendo en el futuro”, lamenta Vanderbilt al ser preguntado sobre las conexiones que Núremberg establece entre el fascismo del pasado y el que amenaza nuestro presente. “En mi opinión, el proceso judicial que en ella se recrea representó un hito histórico asombroso, porque entonces la humanidad eligió la justicia en lugar de la venganza. Pero la historia demuestra que seguimos repitiendo errores”, añade el director acerca de una amarga evidencia: las leyes internacionales no han logrado impedir el genocidio en Gaza. “Por eso creo en el cine. En las escuelas y universidades aprendemos datos y cifras, pero lo que conmueve a las personas, y hace que abran los ojos, son las historias”.
