Paco León dirige ‘Aída y vuelta’ y se reencuentra con todo el equipo: “Todo el mundo tiene una herida del monstruo que fue ‘Aída y tenía miedo”

Paco León dirige ‘Aída y vuelta’ y se reencuentra con todo el equipo: “Todo el mundo tiene una herida del monstruo que fue ‘Aída y tenía miedo”

Aída y vuelta

Ahora les toca a ellos. A todos los vecinos de Esperanza Sur que regresan en ‘Aída y vuelta’ (estreno en cines 30 de enero) imaginando el rodaje de un capítulo que nunca existió para poder reflexionar sobre el éxito y los límites del humor. Hablamos con Paco León, que también dirige, y Miren Ibarguren de este viejo “monstruo” al que volvieron con cautela.

Aída García García salió por primera vez en televisión en la serie 7 vidas, era la mujer que limpiaba en casa de Sole (Amparo Baró), pensada en principio como un personaje muy esporádico, pasó a ser fijo y tener su propia ficción en tiempo récord gracias al talento, descubierto entonces, de Carmen Machi. Aída, como serie, nació en 2005 con más de siete millones de espectadores. Durante nueve años y 245 episodios grabados en directo, fue líder y su humor permeó la cultura popular. Hoy, una década más tarde, “todos hemos cambiado”, como dicen sus protagonistas. También ellos, esta familia artística y profesional que es un poco familia de España.

Regresar a los personajes que abandonaron en su momento con cierto alivio (aunque también pena) era todo un riesgo, pero con Paco León como guionista (junto a Fer Pérez) y director han encontrado esa vuelta que eleva aún más el poder icónico de la serie. No por casualidad la película la han titulado Aída y vuelta, sí, por ese giro no previsto en el que regresan todos a sus papeles, pero haciendo de ellos mismos. Un salto con tirabuzón meta que parte de una sencilla premisa: ¿qué habría pasado si la serie hubiese seguido más años?

Para contestar a esa pregunta, en Aída y vuelta se imaginan todos (o casi, sólo falta Ana Polvorosa) rodando el último capítulo de la temporada 14, el número 315. Momento crucial de cada año: la renovación. ¿Quién firma? ¿Quién se va? Carmen Machi quiere irse, el personaje la está asfixiando. A su alrededor, sus compañeros tienen distintas ideas.

Entre la preparación y el rodaje de ese episodio, delante y detrás de las cámaras, en Aída y vuelta se entremezcla ficción y realidad, chistes y chascarrillos, enfados y lloros, que sin dejar de activarnos físicamente a través de la risa (la carcajada) nos invita a reflexionar sobre los límites del humor, la nostalgia de lo políticamente incorrecto, el éxito, la fama…

Mucho que masticar en Aída y vuelta. Hablamos con Paco León y Miren Ibarguren, que retoma su papel de Soraya, la hija perdida de Aída, sobre cómo llevaron esta loca idea a la realidad. 

¿Cuándo vuelve Aída o cuándo haréis una película de Aída? ¿Son preguntas que habéis oído mucho en los últimos años?

Paco León: No, no, nadie lo decía. Nadie se atrevía. Nadie pensó en hacer nada con Aída hasta que nos reunimos una vez en una comida, ahí en La Esperanza, y Carmen [Machi], que se había encontrado a los de Telecinco, les dijo: “¡Ay, tenemos que hacer algo!”. Dentro del subidón ese de “tenemos que hacer una película”. Pero fue una cosa que dijo ella, no muy pensada, sólo deseada. Y ahí empezó la bola. Nos preguntaron que si en serio querríamos, yo dije que sí, pero con la boca pequeña y pensando sólo en actuar, en volver a ser Luisma, pero luego me propusieron dirigir y ahí dije que no, que no tenía ningún sentido.

Miren Ibarguren Aída y vuelta

@Jorge Fuembuena

¿Te entró el miedo o la duda?

PL: Bueno, es que lo he dicho mil veces, que esto ya está hecho, que era muy difícil, porque ninguna adaptación cinematográfica de un éxito televisivo ha sido nunca un éxito. Siempre han sido grandes fracasos [risas].

Miren Ibarguren: Totalmente. Grandes.

PL: Yo sabía que era muy temerario, porque si iba a ser un capítulo largo en cines, no lo veía. Pero luego se me ocurrió darle una vuelta y, bueno, si era una excusa para contar otras cosas… Ahí nos remangamos todos.

MI: Al principio fuimos un poco cautelosos. Dudas un poco, ¿no? Hay miedo de meterse de nuevo en esto, de volver a lugares que habíamos abandonado hace ya 10 años… es que después de 10 años eres otra persona.

PL: Sí, y yo creo que todo el mundo tiene como una herida del monstruo [que fue Aída]. Todo el mundo tiene de alguna manera su trauma y no quiere volver.

¿Y estos traumas de cada uno están volcados en la película? ¿Son los que vemos en la película?

MI: Esto no te lo vamos a decir. 

PL: No, la verdad que tenemos la coartada de la ficción que nos permite jugar con eso. Hay muchas cosas verídicas, pero no las vive el personaje que las vivió en realidad. 

MI: Las cosas están cambiadas y trasladadas y con una vuelta. 

Es una serie muy querida, unos personajes, ¿es mucha responsabilidad regresar a ellos? ¿Doble para ti, Paco?

PL: Sí, pero yo me dediqué un poco a ser honesto conmigo, ¿sabes? Yo, si hago esto, es a mi manera, porque yo no sé hacer las cosas bien, yo sé hacerlas a mi manera. Y entonces… confiando en que eso tenga sentido. Y creo que sí, habrá gente que le guste, gente que no le guste tanto… La gente tiene que bregar con sus propias expectativas… yo, las mías, creo que están cubiertas y estoy muy contento porque es una película como valiente, sincera, interesante, no solamente nostálgica ni oportunista, sino que creo que tiene un interés hoy en día verla.

Aída y vuelta

@Jorge Fuembuena

Tocáis temas actuales desde un humor inteligente y de carcajada, que a veces parece que está reñido.

PL: Es verdad que parece que la comedia inteligente está como reñida o avergonzada de ser comedia y no. Esto es comedia con muchas texturas. Una de las reflexiones que encontramos Fer y yo mientras escribíamos fue que los límites del humor siempre están en el contexto: depender de quién lo diga, cómo lo diga… No es lo mismo decir un mismo chiste entre amigos que en la tele, no es lo mismo decirlo en el 2018 que en el 2020. No es lo mismo que lo diga alguien que tiene VIH que alguien que no tiene VIH…

¿Os habéis planteado cómo sería recibido el humor de Aída hoy?

MI: Igual oficialmente recibiríamos un montón de denuncias, pero te voy a decir otra cosa, hay un montón de gente que sigue viendo Aída hoy en día y sigue diciendo que son los mejores chistes del mundo y que te meas de risa. Es verdad que el humor siempre necesita resetearse y renovarse porque es muy necesario… y que a cada uno le duele lo suyo. Y que la serie es fruto de su tiempo. Y luego es verdad que entre amigos se sigue haciendo el humor más negro, el más cruel, cuanta más confianza, más cruel.

PL: Y Miren, por ejemplo, sigue en una serie de comedia muy punky y mítica, ahora mismo es más complicado hacer humor y comedia, pero esa es la demostración de que se pueden tener aún personajes extremos.

¿Sentís nostalgia de lo políticamente incorrecto?

PL: Es complicado porque esa nostalgia a veces…

MI: Esconde malignidad.

PL: Es la nostalgia del típico que dice “ya no podemos hacer chistes de mariquitas ni de nada”. Es que sí se pueden hacer, pero ya no tienen gracia. Hay chistes que a mí me han dejado de hacer gracia porque tienes otra conciencia.

¿Cómo fue el primer día de rodaje? Ese reencuentro.

MI: Era todo rarísimo porque era en el mismo sitio que hacíamos las lecturas y empieza a aparecer gente, unos nervios, y todos con la misma cara, pero como más mayores [risas]. Pero también una ilusión, fue súper raro, pero muy bonito. Como que no terminábamos de creernos que de verdad nos íbamos a volver a juntar y cuando ya vimos el plató fue una pasada. Cuando Carolina Galeana, que es la de vestuario de la serie, me vistió de Soraya, y Rubén me puso el moño, dije: “Ostras, que es verdad”.

PL: Es curioso porque Carolina decía que nunca había hecho pruebas de vestuario en las que los actores llorasen, y aquí todos lloraban [risas]. Había una sensación como de déjà vu, de que no había pasado el tiempo. Yo una vez me quedé dormido un segundo y soñé que estábamos haciendo la película… pero no era un sueño [risas].

Aída y Vuelta

Como director, rodar esto, como un falso directo, delante y detrás de la cámara…

PL: Uf, lo recuerdo un poco pesadillesco en el sentido de hacer de Paco, de hacer de Luisma, seis cámaras a la vez, no poder estar en el combo, no saber qué se está grabando, no tener control de nada… un poco locura. Lo más complicado era entrar y salir del personaje, porque entrar en Luisma, que es un personaje tan suelto, tienes que estar más relajado, tener el cachondeo muy a flor de piel, pero cuando estás dirigiendo es muy difícil quitarte esa preocupación… menos mal que Luisma es un poco como montar en bici.

¿Era un poco como tener que imitaros a vosotros mismos?
MI: Sí, sí. A mí no me gusta nada verme en pantalla y menos cosas antiguas, pero el día antes de rodar, dije, madre mía, ahora tengo que ver un capítulo, ver cómo era Soraya, y estuve en casa viendo por encima y soltando la voz. Y al día siguiente estábamos todos nerviosos. Es que todo cambia, la voz cambia.

Carmen Machi, hablando de Aída, dice en en la película: “Es el personaje más importante de mi carrera”. ¿Lo sentís igual?

PL: Esa frase me la dijo de verdad Carmen. Y me impresionó mucho porque la vi muy ubicada cuando dijo que se iba, pero lo pensaba así, que estos serían los personajes de nuestras carreras. Y esta película surgió porque Carmen superó claramente eso, porque estaba preparada para enfrentarse a ese trauma. Cada uno tenemos nuestra relación con el éxito, con lo que fue aquello, el Frankenstein ese que nos superó un poco a todos. Creo que Carmen lo pasó un poco mal cuando se fue, pero después… Recuerdo el primer día en plató que me decía: “Os veo a todos emocionados, pero yo no siento nada”. [Risas] Vamos, que lo tiene totalmente superado.

En la película se habla precisamente del éxito, de la fama, de los fans, de cómo lo lleva cada uno…

MI: Creo que es muy rico y muy liberador también para nosotros y para el público que lo vaya a ver, porque hay una cosa que suele pasar más de lo que se cuenta, que es pasar del amor al odio en la calle en un segundo. Te paran y piden una foto, dices no y te gritan: “Anda, hija de puta…”. O sea, en la calle el 90% de la gente es súper amable, pero también hay un 10% que pasa del amor al odio en un periquete. Y luego se cuenta eso que dice Marisol [Ayuso] de que hay “mucho quejica del éxito”, porque hay de todo… Paco, en ese sentido, ha hecho un registro de lo que es el día a día de unos actores que viven el éxito, o cómo viven el fracaso, que es un diario súper rico con el que mucha gente de la profesión y no de la profesión se puede identificar.

PL: Al principio, los productores, nosotros, estábamos preocupados por cómo contarlo, por si el público nos iba a ver como desagradecidos… pero yo creo que no, que, si se cuenta bien, es algo necesario e interesante de contar, porque es un testimonio real de nuestra vida.

Aída y vuelta

@ Jorge Fuembuena

Hay mucho de realidad, ¿no?

PL: Hay detalles cambiados, porque no rodábamos en Callao, por ejemplo… pero sí quería ser muy honesto con nuestras relaciones, que haya mucho de abrir agujeros, creo yo, y que se cuele la verdad de nosotros, de lo que nos queremos.

MI: Yo creo que al final es especialmente emocionante porque hay mucha verdad, porque ahí no hay actuación, ahí hay verdad. Fue el último día de rodaje y eso es lo que pasó… Esa llorera.

PL: Cuando vimos a Marisol llorar [risas], de repente la mamma… es muy emocionante ver a ese elefante hindú, que es la más dura…

Y con Aída y vuelta queréis llegar a más gente que a los fans de Aída, a público cinéfilo también.

PL: Es que es otra cosa. Aída ya fue y esto es otra cosa. A nivel de estilo, comentábamos que hay referencias cinematográficas… Está entre Cassavetes y Los Morancos [risas], porque está ahí, hay referencias a Opening Night, a cosas de cine muy de autor y a la vez intentar no ponerte solemne, porque viene muy desde el humor popular… eso, de Los Morancos a Cassavetes está ahí en medio [risas].

También te puede interesar:

© REPRODUCCIÓN RESERVADA