Carlo Padial sobre su película ‘Pizza Movies’: “Lo más revolucionario ahora era rodar una película esperanzadora e ilusionante con los moldes de una comedia romántica clásica”

Carlo Padial sobre su película ‘Pizza Movies’: “Lo más revolucionario ahora era rodar una película esperanzadora e ilusionante con los moldes de una comedia romántica clásica”

Pizza Movies

Charlamos con Carlo Padial sobre su última película, Pizza Movies, una comedia romántica tan entrañable como extravagante que, partiendo de la crisis del mundo cultural, reivindica el amor por el cine al margen de afectaciones y elitismos.

Carlo Padial dirige Pizza Movies, estrenada en el Festival de Málaga, y coescrita con su colaborador habitual Carlos de Diego y también junto a la periodista, crítica de cine y escritora (Reinas del grito, No la dejes sola) Desirée de Fez. De una frase de ella, de hecho, nace esta comedia romántica que celebra el placer de ver películas y compartirlas.

Desirée y yo somos pareja desde hace muchos años. El germen de Pizza Movies está en nuestras conversaciones cotidianas; en ese hartazgo que, tantas veces, Desirée ha compartido conmigo acerca de su profesión”, explica Padial. “Antes, del periodismo cultural se podía vivir bien; hoy por hoy, como ocurre en tantos otros sectores, es un oficio que se ha precarizado mucho. Buscándole el lado cómico al asunto, ella me llegó a decir, en un momento dado: ‘Podría dejar esto de la crítica y abrir, yo qué sé, una pizzería’. Y a partir de ahí empezamos a fantasear. Esa conversación la habremos tenido 50 o 100 veces”.

Y de ahí surgió la idea: “Contar la historia de una periodista cinematográfica que, saturada de su profesión, se propone reencontrarse de nuevo con aquella pasión genuina por las películas abriendo un restaurante con temática cinéfila”.

Aunque el mal de la precariedad está en el centro de la historia, Pizza Movies es una película muy optimista, con un delicioso aroma naïf.

La película es, sobre todo, una celebración. Queríamos aproximarnos a lo complicado que está hoy el sector cultural en España, pero no hacerlo desde el enfado ni desde el descreimiento. Nos dimos cuenta de que lo más revolucionario ahora, en un presente tan cínico, era rodar una película esperanzadora e ilusionante, con vocación de llegar a todo el público, y con los moldes de una comedia romántica clásica. En este sentido, tuvimos a Capra y Cukor como grandes modelos; cineastas que, después del crack bursátil de los años 30, apostaron por hacer retratos idealistas y muy alentadores de un país sumido en la miseria.

Te he escuchado decir que ya pensábais en Berto Romero y Judit Martín para los papeles protagonistas antes incluso de empezar a escribir el guion.

Así es. Con Berto ya había trabajado bastante en el pasado (Algo muy gordo). Con Judit, que es muy conocida en Cataluña, pero no mucho fuera de aquí, tuve una revelación rodando Doctor Portuondo: podía ser la gran protagonista de una película. En este sentido, con Pizza Movies teníamos también la intención de reivindicar el papel de los cómicos. Así que pensé: montemos un vehículo para Berto y Judit. Me parecía una pareja cómica genial, como Gene Wilder y Hilda Radner. Para mí era obvio: parecía que llevasen toda la vida trabajando juntos.

La película dispara unos cuantos dardos contra la cinefilia más snob. ¿Cómo trabajaste ese tono?

Queríamos recuperar ese sentimiento tan cálido de cuando veías, un viernes por la noche, una película con tus padres mientras compartíais una pizza. Por eso las películas en las que los protagonistas se inspiran a la hora de montar su negocio son, sobre todo, películas lúdicas, divertidas. Karate Kid, Armageddon, Cazafantasmas… Hace poco hablaba con un director de cine amigo, un tío muy inteligente, que estaba viendo con sus hijos todos estos clásicos de los 80. Y, después de revisar Karate Kid, me dijo: “Hostia, había algo grande ahí… quizá no fuese necesario liarla tanto”.

Hay una película que te resuena mucho viendo Pizza Movies: Rebobine, por favor, de Michel Gondry.

Es curioso: yo no la tenía tan presente, pero Desirée la mencionó muchas veces mientras trabajábamos en el guion. En general, estoy rodeado de ratas de filmoteca, pero lo de Desirée ya es exagerado: no conozco a nadie que haya visto tantas películas. Además, es una gran conocedora de la comedia y sabe apreciar distintos matices del humor. Gracias a ella, yo, que soy bastante cerebral para la comedia, he empezado a apreciar películas con las que antes no conectaba mucho: la comedia física de Jerry Lewis, las pelis de Will Ferrell o de los hermanos Farrelly. También nos inspiramos mucho en esa cosa tan bonita del cine libre. Por eso el primer acto es una comedia urbana sobre una pareja, y el segundo y el tercero van virando hacia el extrañamiento, convirtiéndose en algo más extravagante. En este sentido, yo creo que cada uno hemos aportado cosas muy diferentes al guion. Es una película muy omnívora.

Fotos: Getty Images

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