Hace 40 años que dos amigos viajaron por error en un DeLorean de 1985 a 1955: ‘Regreso al futuro’ es hoy una obra maestra de la cultura pop

Hace 40 años que dos amigos viajaron por error en un DeLorean de 1985 a 1955: ‘Regreso al futuro’ es hoy una obra maestra de la cultura pop

Regreso al futuro

Hay películas que gozan de la adoración del público. También hay películas que superan la prueba del tiempo y se convierten en clásicos. Y luego están aquellas que, en caso de que la vida tal y como la conocemos llegara a su fin, podrían usarse como reliquia de la humanidad para demostrar que nuestra existencia tuvo sentido. Y entre estas últimas, al lado de Lo que el viento se llevó (1939), El Padrino (1972) y alguna más, sin duda estaría Regreso al futuro (1985), que este mes vuelve a la cartelera. La obra maestra de Robert Zemeckis no sólo atravesó el continuo espaciotemporal en pantalla gracias a ese dispositivo imposible llamado condensador de flujo –aunque conocido en España como “condensador de fluzo” porque los responsables del doblaje de la película quisieron evitar connotaciones sexuales–; nada más estrenarse hace ahora 40 años, también se hizo con un lugar de privilegio, y vitalicio, en la cultura pop. En las décadas siguientes dio origen a dos secuelas, una serie de animación, varios videojuegos, una atracción en un parque temático, un musical de Broadway y, seguramente, miles de artículos sesudos centrados en discutir el rigor –o la falta de él– de los postulados científicos en los que se sostiene su peripecia argumental. Y, en el proceso, su mitología no ha dejado de crecer.

La historia que cuenta es de sobra conocida: el adolescente Marty McFly (Michael J. Fox) viaja accidentalmente de 1985 a 1955 en un coche DeLorean reconvertido en máquina del tiempo por su excéntrico amigo Doc Brown (Christopher Lloyd) –en una de las primeras versiones del guion, el viaje sucedía en el interior de un frigorífico– y, una vez atrapado en el pasado, interfiere accidentalmente en el primer encuentro de sus padres. A causa de ello, debe encontrar la manera de reparar la línea temporal para asegurar su propia existencia y regresar al presente, y con ese fin, pide al joven Doc que lo ayude a aprovechar la única fuente de energía, un rayo de potencia eléctrica inusitada, capaz de posibilitar su viaje de vuelta. El resultado de esa premisa es una película de ciencia-ficción que aúna con brillantez elementos narrativos propios del cine de acción, las historias de amor y la comedia; también es un relato de tránsito a la madurez que subraya la importancia de la familia y aborda con un tono desenfadado asuntos como la fragilidad de nuestra existencia o la necesidad de entender que, en su día, nuestros padres fueron como nosotros, y que algún día nosotros seremos como ellos. Y es una declaración de amor por la América de los años 50 que, eso sí, deja claro que aquella época no fue necesariamente idílica para todo el mundo.

40 VECES ‘NO’

Tras conocerse en la universidad en 1972, Zemeckis y el coguionista de la película, Bob Gale, habían vendido varios guiones de televisión a los estudios Universal y colaborado con Steven Spielberg. Ambos llevaban mucho tiempo queriendo rodar una fantasía sobre viajes en el tiempo, pero no encontraban la premisa adecuada hasta que Gale tuvo una revelación: un día encontró el anuario de su padre del instituto e inmediatamente pensó en un chaval que viajaba al pasado y conocía a las versiones adolescentes de sus progenitores. El guion resultante de esa ocurrencia fue rechazado más de 40 veces en cuatro años, porque los estudios lo veían demasiado arriesgado. Disney lo rechazó porque pensó que producir una película cuyo protagonista esquivaba los avances incestuosos de su propia madre dañaría su marca; otros estudios, en cambio, consideraron que no era bastante atrevida en comparación con otras comedias de la época como la saga Porky’s. Spielberg, en cambio, vio el potencial del proyecto y se sumó a él en calidad de productor ejecutivo. Tras el éxito obtenido por Zemeckis con Tras el corazón verde en 1984, finalmente, obtuvo luz verde. Un año después, Regreso al futuro fue la película más taquillera de 1985, y eso no fue más que el principio de su carrera triunfal. Desde el principio de la producción, Zemeckis había tenido claro que el encargado de dar vida a Marty McFly debía ser Michael J. Fox, pero el compromiso que el intérprete tenía con la popular comedia televisiva Enredos de familia hizo que, en su lugar, se escogiera como protagonista de la película a Eric Stoltz.

Sin embargo, pasadas varias semanas de rodaje –había empezado en noviembre de 1984–, se hizo evidente que el tono serio de Stoltz no era el adecuado para la historia, y eso decidió a los productores a contratar a Fox a pesar de todo. El actor pasó buena parte del rodaje sin pegar ojo a causa de su apretada agenda, pero su encanto desbordante, su energía nerviosa y su precisión cómica demostraron desde el principio que era exactamente lo que Regreso al futuro necesitaba.

Vista hoy, lo más sorprendente de la película sigue siendo la absoluta economía narrativa que exhibe a lo largo de sus 116 minutos. Cada situación cumple un propósito; todo lo que ocurre al principio funciona para sentar las bases de lo que vendrá después. Y, dado que la historia está completamente centrada en la idea de que se acaba el tiempo –antes de que Marty quede atrapado para siempre en 1955 o deje, literalmente, de existir porque ha impedido que sus padres tengan la oportunidad de enamorarse–, resulta de lo más oportuno que todas las escenas, incluso las teóricamente más prosaicas, avancen a ritmo de persecuciones.

Debe reconocerse, por otro lado, que Regreso al futuro es una obra muy de su tiempo, y que refleja preocupaciones y actitudes consustanciales a él que hoy pueden parecer trasnochadas. Una de sus primeras secuencias muestra a terroristas libios vinculados al dictador Muamar el Gadafi y, en otra, George McFly espía a su amada mientras esta se desnuda. Para algunos espectadores, además, el desenlace de la película equipara el dinero con la felicidad; de hecho, el actor Crispin Glover, que interpretó a George McFly, rompió relaciones con Zemeckis y Gale porque consideraba que la película transmitía un mensaje excesivamente materialista. Ese choque artístico, sumado a las quejas de Glover acerca de su salario –menuda ironía– llevó a que el actor fuera reemplazado por Jeffrey Weissman en Regreso al futuro II (1989) y Regreso al futuro III (1989). En esas secuelas, Weissman aparece con el rostro cubierto por una prótesis diseñada a partir del rostro de Glover, que en su día presentó una demanda alegando que se había usado su imagen de forma ilegal.

Lo cierto es que Regreso al futuro nunca se concibió como el inicio de una saga, pero su abrumadora popularidad impulsó la producción rápida y simultánea de las citadas continuaciones; el mensaje “Continuará” se incorporó al final de su metraje únicamente en su edición doméstica, pero no aparecía en las copias proyectadas en cines. A lo largo de los últimos 35 años, preguntados repetidamente al respecto, Gale y Zemeckis han insistido en que no cederán los derechos de la saga mientras vivan y que, por tanto, ningún reboot, remake o nueva entrega verán la luz a menos que sea por encima de sus cadáveres. Considerando la falta de reparos con la que Hollywood suele explotar sus propiedades intelectuales más populares con el único fin de maximizar beneficios financieros, la integridad y el empeño en proteger tan valioso legado que esa decisión evidencia resultan altamente reconfortantes.

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