Christian Petzold firma un inquietante relato sobre el resquebrajamiento de la identidad y la importancia de las redes familiares.
★★★★
Tras la aparente sencillez estilística de Mirrors No. 3, la nueva propuesta del alemán Christian Petzold, se oculta en realidad un relato oblicuo hasta las entrañas, colmado de elipsis, puntos de fuga y vericuetos soterrados, tan inquietante y enigmático como, en última instancia, humanista y luminoso. Petzold narra la historia de Laura (interpretada por Paula Beer, actriz habitual del cineasta), una joven estudiante de música que, tras sobrevivir milagrosamente a un accidente de coche en el que su novio fallece en el acto, es acogida por una misteriosa familia durante su proceso de recuperación. Mientras encuentra apoyo para reconstruir su vida, poco a poco empezará a sospechar que padre, madre e hijo ocultan un oscuro secreto. Con una admirable claridad técnica que abraza siempre el gesto mínimo, fruto de la exquisita depuración formal que el director de El cielo rojo (2023) ha venido labrando desde sus primeras películas, el alemán indaga en la cuestión de la disolución y el desbordamiento del ‘yo’, dando forma a un abstracto y turbador juego de dobles y proyecciones donde, como en el Vértigo de Hitchcock, la identidad se convierte en un espejismo modelado por el deseo y la ausencia. Más allá de su entramado conceptual, la última película de Petzold es, también, en su vertiente más luminosa, una historia sobre la superación del duelo, sobre las segundas oportunidades, sobre la familia como refugio afectivo y territorio de consuelo. Sobre la esperanza.
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