Todo lo que nunca fuimos, la adaptación de la novela homónima de Alice Kellen, tiene mucho de todo eso, y Jorge Alonso, su director y guionista, es completamente consciente de ello. Sus protagonistas, Axel (Maxi Iglesias) y Leah (Margarida Corceiro), viven un amor esperanzador, pero tremendamente triste. Destrozada por la muerte de sus padres en un accidente de coche, ella ha perdido la chispa que la convertía en Leah. Ya no pinta, ni sonríe, ni queda con sus antiguas amigas. Empeñado en devolverle la ilusión, él, mejor amigo del hermano de ella, intenta demostrarle a aquella chica que tanto le gustaba por qué vale la pena seguir adelante y acepta cuidarla unos meses mientras su amigo se gana la vida en el extranjero. Un enamoramiento a fuego lento, inesperado, genuino y realista.
“He intentado contar lo que yo sentí cuando leí la novela, que es esa evolución de la historia de superación en paralelo con la historia de amor”, afirma el director sobre todo ese ruido que se genera alrededor de una adaptación que viene con la responsabilidad de unos fans deseosos de ver cómo aquella historia que les marcó cobra vida en pantalla. “Para contarlo de una manera de verdad necesitas tiempo, como en la vida. Existe el amor por flechazo y existe el amor que evoluciona poco a poco. En el libro se cuece así, se toma su tiempo, y yo quería ser fiel a ese ritmo”.

Alice Kellen está contenta con el resultado. Al director le da reparo afirmarlo rotundamente, pero sí que nos dice tímidamente que “se la ve feliz”. La autora ha estado implicada durante todo el proceso —el día de la entrevista todavía se encuentran en postproducción, y Alonso nos cuenta que Kellen “sigue muy activa”—, algo que suele tranquilizar mucho a los fans, pero no tanto a su director, al menos al principio. “Era el típico miedo de tener que hacer la adaptación y conocer a la autora y, por defecto, dices: ‘Verás tú, me va a asesinar, a ver cómo fluye esta relación de guionista que adapta una obra que no es suya’”, recuerda sobre su primera toma de contacto con la escritora. “Pero, ¡para nada! Minuto dos de la conversación y ella ya estaba súper abierta. Es encantadora, súper normal, súper cercana y entendió todo perfectamente. Entendió que esto es otra cosa, aunque intentamos ser súper fieles, y que, al final, es una interpretación de su historia”.
GENTE NORMAL
Esto es, también, la historia de dos personas normales. Sus problemas, aunque normales, son complicados, y hablar de la depresión fue uno de los grandes retos que presentaba la novela. “Lo hemos tratado de la manera más real posible, siendo coherentes con la depresión que tiene el personaje en concreto, intentando no frivolizarla e intentando mostrar que esa evolución te puede llevar a otro sitio en el que puedes sobrellevarla y cogerla por las riendas”, explica el director sobre la responsabilidad de hablar sobre salud mental. “Queríamos dar esperanza y visibilizar que es un momento de mierda, pero que, con ayuda, aunque sea inesperada, puedes llegar a superarlo”.
Sus actores también tenían sus propios retos por delante. La experiencia de Maxi Iglesias, que “ha hecho historias de amor y este tipo de pelis”, era importante, pero Alonso creía que había algo más en él: “Tenía algo que decía: ‘Yo creo que Maxi puede dar otra cosa’. No mejor, diferente”. Fue una conversación en una cafetería la que lo convenció de que era el Axel que buscaba. “Le vi aquel algo a él como persona y dije: ‘Maxi, eso es lo que necesitamos, que esa parte de Maxi te la lleves al personaje’”.
Lo de Margarida Corceiro, por otro lado, y al contrario de la historia de Kellen, fue un flechazo absoluto. “Tú vas a la lotería pensando que no te toca nunca y va y te toca”, cuenta el director sobre ella. “Ha sido una locura para todos. No ha habido ningún día de rodaje en el que más de 10 personas no hayan dicho: ‘¿Cómo lo hace?’”, asegura. “A veces es mejor no decirlo mucho, porque parece que estamos exagerando, pero tiene un talento natural, una frescura y una verdad que yo pensaba que era imposible”.
SUDADERAS EN EL MAR

Con Axel y Leah ya en juego, solo quedaba encontrar el lugar perfecto para crear esa burbuja en la que los protagonistas se enamoran y sanan juntos, a pesar de todas las dudas que ello conlleva. Pero, ¿dónde encontrar el paraíso? “Hay veces que digo: ‘A ver si la gente va a empezar a ver el paisaje y no va a mirar a los actores…’”, bromea Alonso sobre esos paisajes vascos de ensueño que vemos en la película. “Poníamos la cámara y decíamos: ‘Hay que ser muy malo para que salga mal, porque es impresionante’”.
Los encontraron por casualidad, gracias a una familia que tenía “una especie de agroturismo”. Llegaron a un acuerdo y construyeron la casa desde cero. Para el director, esta es un personaje más del libro, uno que debía ser muy especial y que, sobre todo, debía acompañar a Leah en su viaje. “Es una historia súper triste y creo que ayudaba más no darle calidez y dar ese rollo de surf invernal”, reflexiona. “Creo que acompaña bien a la historia”.
Una historia de superación en la que ella “aprende de la vida y de lo que le ha pasado y toma una decisión desde un punto de vista maduro y racional”. Una historia que nos enseña que, aunque no sea fácil, siempre vale la pena volver a pintar.
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