Marta Matute se enfrenta con honestidad a su propia experiencia en ‘Yo no moriré de amor’: “Es bonito que una historia tan dolorosa se haya transformado en una película que pueda ayudar”

Marta Matute se enfrenta con honestidad a su propia experiencia en ‘Yo no moriré de amor’: “Es bonito que una historia tan dolorosa se haya transformado en una película que pueda ayudar”

Yo no moriré de amor

Marta Matute aprendió a convivir en silencio con el Alzheimer de su madre. Años después, ese dolor íntimo se ha transformado en Yo no moriré de amor, la película con la que ha conquistado la Biznaga de Oro en Málaga. 

Con 19 años, Marta Matute miraba a su alrededor y no encontraba vivencias como la suya entre sus amigos, tampoco hablaba con nadie de lo que estaba pasando. Aunque tenía claro que todo lo que le estaba viviendo tendría que salir por algún lado en el futuro, aún no sabía cómo.

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que, después de la muerte de su madre decidió optar a las residencias de la Academia de Cine. Cuando le comunicaron que estaba seleccionada y la película en la que revive los años que ella y su familia convivieron con la enfermedad y los cuidados sería una realidad, se dio cuenta, había caído en su propia trampa: «Mierda, ahora tendré que hablar de esto».

Hace unas semanas, la directora recogía la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga por Yo no moriré de amor, una ópera prima de la que ahora asegura que ella y sus hermanas se sienten orgullosas. Recogió el premio denunciando un sistema de dependencia deficiente y se lo  dedicó el premio a Paqui Fernández: «A quien ayudó a cuidar de mi madre en casa, su trabajo fue y es fundamental para que pueda contunúar con mi vida».

¿En qué momento, dentro de esa vorágine de cuidados, surge la necesidad de convertir tu experiencia en una película? 

Fue cuando había pasado todo. Empecé a escribir esta película cinco años después de la muerte de mi madre. Yo ya sabía que en algún momento haría algo con esto, pero no sabía de qué manera trasladarlo. Fue a raíz de entrar en las residencias de la Academia de Cine, me cogieron y ahí pensé: “mierda, ahora tengo que hablar de esto”. Siempre me había dado mucho pudor.

Aunque pensaba que iba a ser más traumático porque me emocionaba mucho, especialmente al principio. Durante el proceso real apenas hablaba con nadie, y de repente pasé al extremo contrario: contárselo a todo el mundo. Pero, en el momento en que decidí hacer un guion, dejó de ser solo mi historia y se convirtió en la historia de muchas personas. Ahí empezó a generarse una distancia con la película.

Sonia Almarcha encarna a tu madre en un papel muy complejo, también corporalmente, prácticamente no habla. ¿Cómo fue el proceso de documentación más allá de tu experiencia personal?

Empezamos a trabajar cuatro meses antes del rodaje. Fuimos a la Asociación de Familias de Enfermos de Alzheimer de Madrid, donde había pacientes con fases leve y moderada, y Sonia estuvo observando detalles del habla y del comportamiento. También visitamos un centro de día donde conocimos a una mujer con demencia avanzada. De ahí tomó los aspectos físicos como la mirada o la rigidez.

Le enseñé vídeos y fotos de mi madre, y también convivió con un familiar cercano que está pasando por lo mismo. Además, ella es muy meticulosa y se volcó completamente en investigar y construir el personaje.

Julia Mascort, que te interpreta a ti, es debutante. ¿Fue difícil encontrarte en otra persona? ¿Al resto de actores les tenías claros?

A Sonia la tenía en mente desde hacía tiempo, desde la escritura. Aun así, desde producción quisieron valorar otras opciones, pero no encontramos muchas actrices dispuestas a asumir un papel tan complejo. Da miedo caer en algo poco creíble, y Sonia hizo un trabajo espectacular.

Para Claudia (Julia Mascort)  hicimos un casting abierto, tuve que ver  unos 1.500 vídeos. Fui con la mente abierta pero me interesaba que fuera una belleza no normativa, aunque no era una condición imprescindible. Julia nos sorprendió porque aportó algo distinto. Buscaba actores capaces de sostener el tono contenido de la película.

En las siguientes pruebas introduje más exigencias, incluso escribí un monólogo de despedida que podía llevarse al melodrama. Julia lo sostuvo desde el lugar que me interesaba. La hermana fue el último personaje en audicionar. Cuando juntamos a las actrices en Barcelona, la relación entre ellas ya tenía algo muy auténtico. Se entendían con facilidad.

Hay dos personajes, secundarios, pero muy interesantes en la interacción con tu familia. Unos amigos cercanos de la pareja. ¿Buscabas  una reflexión sobre lo que ocurre en el entorno social cuando aparece la enfermedad?

Sí, esa pareja de amigos está para mostrar ese distanciamiento, incluso por parte de la propia familia: cómo te aíslas y cómo te aíslan. Cuando la comunicación desaparece, parece que socialmente te anulan, y hay personas que desaparecen porque es muy doloroso ver el deterioro de un ser querido. 

A mí lo que más me molestaba eran las miradas compasivas, sobre todo siendo mi madre tan joven. También me pasaba con mi padre. Por eso la película es honesta. 

Aunque los personajes están ligeramente ficcionados, el de tu padre es el más cercano a la realidad ¿Cómo ha recibido tu familia la película y volver a transitar todo lo que ocurrió?

Lo que más me inquietaba era la reacción de mis hermanas. Inés (Laura Weissmahr) es una mezcla de ellas dos.  Vinieron a Málaga y dos días antes les pedí que la vieran en casa, porque hay muchas referencias muy concretas a lo que vivimos.  Están muy orgullosas. Todas sentimos que es bonito que una historia tan dolorosa se haya transformado en una película que pueda ayudar a otras personas. 

Mi padre es el más similar, pero ahora también está pasando por una demencia y no puede disfrutarla.

Así que, tantos años después, vuelves a vivir una situación parecida. ¿Has visto algún avance en el sistema de dependencia en todo este tiempo?

Seguimos con las mismas incertidumbres:retrasos en valoraciones, falta de prestaciones y condiciones muy deficientes. Mi padre tiene demencia y tenemos a tres personas cuidándolo en casa, algo que podemos permitirnos gracias a una herencia de mi madre. Aun así, es insostenible.

Para recibir ayudas, esas cuidadoras tienen que pertenecer a una empresa privada, lo que introduce intereses económicos. No se auditan adecuadamente las residencias y los ratios de personal son insuficientes. Quería denunciar esto desde lo más íntimo en la película, mostrando el desgaste emocional y físico de las familias.

Si profundizara más en este tema, ya podría hacer otra película. La realidad es desoladora: veinte años después de la enfermedad de mi madre, todo sigue igual. 

También te puede interesar:

© REPRODUCCIÓN RESERVADA