Crítica de ‘A fuego’: Bailar para seguir adelante

A fuego

El debut de Estel Díaz encuentra en el baile una forma de atravesar el duelo y, sobre todo, de hacer comunidad.

Frente al elitismo que tantas veces convierte la cultura en una individualista competición de prestigio, A Fuego, primer largometraje de Estel Díaz, reivindica el arte como un espacio privilegiado para el encuentro con el otro. El duelo que está atravesando la joven protagonista del film, de nombre Lola, por la muerte de su hermano Nico sirve de punto de partida para este retrato adolescente (dirigido a un público ídem), de espíritu algo naíf y formas funcionales pero efectivas, que encuentra en el baile y la cultura urbana una reivindicación de la diversidad y la ética de los cuidados. Pese a su narración esquemática y algo encorsetada, las entregadas interpretaciones de sus cuatro protagonistas (Zoe Bonafonte, Ruslana, Marc Soler y Omar Banana) y las eléctricas coreografías repartidas a lo largo del metraje convierten esta bienintencionada película en un disfrutable relato pop que, sin rancios paternalismos y rehuyendo la habitual mirada marginal sobre lo urbano, celebra la libertad de los jóvenes para ensayar otras formas de habitar el mundo.

Artículos relacionados

Echa un vistazo a nuestra revista

Echa un vistazo a nuestra revista

Galerías

Noticias