Crítica de ‘Cuenta atrás’: Polis y cacos

Cuenta atrás

Dos cuentas atrás convergen en el nuevo thriller de David Mackenzie (Comanchería, 2016), un frío y solvente ejercicio de suspense criminal.

En pleno centro de Londres, el hallazgo de una bomba obliga a las autoridades a acordonar y evacuar una extensa zona de la ciudad. Mientras los profesionales trabajan contrarreloj para neutralizar el artefacto, un grupo de atracadores aprovecha el caos para, con las calles vacías y la policía volcada en la emergencia, ejecutar un golpe largamente preparado. Tras la sólida Relay (2024), David Mackenzie apuesta de nuevo por el thriller criminal en Cuenta atrás, un “serio” y algo frío film de atracos tan efectivo en la construcción del suspense como, a fin de cuentas, carente de frescura. El director de Comanchería (2016) introduce -y he aquí lo más interesante de la propuesta- un thriller de artificieros en el interior de una heist movie, y maneja con oficio un relato que, por lo demás, progresa pegado siempre al cánon. Con todo, y pese a su discreta y algo anodina puesta en escena, la película encadena suficientes dosis de intriga y secuencias adrenalínicas como para mantener el interés hasta un giro final relativamente sorprendente.

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