Crítica de ‘En mar abierto’: Bochorno en el océano

En mar abierto

Renny Harlin firma un desganado y rutinario thriller de supervivencia con tiburones.

Veintisiete años después de la descerebrada (y, en su día, muy fresca) Deep Blue Sea, el finlandés Renny Harlin regresa al exploitation de tiburones. El resultado es, dígase ya, lamentable: el que fuera responsable de joyas del cine popular noventero como La jungla 2 (1990) o Máximo Riesgo (1993) pone aquí el piloto automático y firma un anodino refrito que destila pereza en cada decisión narrativa y formal. En mar abierto sitúa a dos actores de renombre (Aaron Eckhart y Ben Kingsley) al volante de un avión que sufre un accidente y cae a un mar infestado de tiburones. El resto es fácil de imaginar. Pese a su evidente condición de subproducto, la película renuncia a todo atisbo de humor para abrazar una solemnidad desconcertante, y, tras un primer tramo relativamente correcto y funcional (hasta que el avión hace crack), se convierte rápidamente en una amalgama indigesta de CGI de saldo y pobretones conflictos familiares. Bochornosa.

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