Crítica de ‘Femenino, singular’: Un dolor mudo

Femenino, singular

Catorce años después de ‘A puerta fría’, Xabi Puebla regresa al largo para filmar la precariedad sin sentimentalismo ni truculencia.

Pese a no apartarse un ápice de las convenciones del cine social realista, el cuarto largo de Xabi Puebla funciona por la rigurosidad de su ejecución. El director de Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008) escribe y pone en imágenes, con austeridad y gran economía narrativa, la peripecia de una joven mexicana, de nombre Nayeli, que trabaja como empleada doméstica en Barcelona. Sola en la gran ciudad, inmersa en un entorno social marcado por la indiferencia, la mujer envía a Puebla gran parte del dinero que gana para terminar de financiar la apertura de un restaurante junto a su novio. Ante un inesperado acontecimiento, Nayeli, que lleva años atrapada en el callejón sin salida de la precariedad, se verá obligada a replantearse las cosas. No hay un ápice de sentimentalismo barato en esta película contundente, admirablemente elíptica, alejada de toda tentación de truculencia. Puebla mantiene –y es aquí donde da muestra de su sensibilidad y sabiduría como cineasta– una distancia precisa respecto a lo narrado sin perder nunca la empatía hacia su personaje, cuyo estricto punto de vista guía el relato de principio a fin. En el centro de todo, el rostro de Nayeli, auténtico corazón de la película, mapa de un dolor mudo que el director demuestra en todo momento saber escuchar.

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