Una feel-good movie previsible pero encantadora: Jean-Pierre Améris nos deja el corazón caliente con No te queda otra.
Obligado a abandonar a su carrera artística tras sufrir un ictus, Antoine Toussaint, un ídolo de la canción francesa venido a menos, decide viajar a Ginebra para, acudiendo a una clínica de suicidio asistido, poner fin a su amarga existencia. Durante su trayecto en tren coincidirá con Victoire, una mujer muy expresiva y algo indiscreta que acaba de salir de la cárcel con un permiso de fin de semana. Una serie de azares terminarán por convertir a esta improbable pareja en los perfectos compañeros de una aventura sanadora. El cineasta francés Jean-Pierre Améris (Tímidos anónimos, 2010; La historia de Marie Heurtin, 2014) firma en este, su largometraje número 13 para la gran pantalla, una feel-good movie tan formulaica y carente de originalidad como, justo es decirlo, acogedora y reconfortante de ver. Así, aunque escrita con plantilla —viejo gruñón redescubre la belleza de estar vivo gracias al encuentro con alguien risueño— y formulada, en términos de puesta en escena, bajo todos los patrones ya clásicos en este tipo de comedias luminosas —ligereza narrativa, tono amable, planificación discreta—, la película se ve en apenas un suspiro, despierta un puñado de sonrisas y acaba por dejarle a uno el corazón caliente. En su modestia radica su éxito.