Crítica de ‘Nuda propiedad’: La casa imposible

Nuda propiedad

Alberto Utrera convierte la crisis de la vivienda en una negrísima comedia de ecos azconianos y pulsiones hitchcockianas, tan divertida como amarga.

La crisis de la vivienda y el cada vez más inalcanzable sueño de tener casa propia son el punto de partida de Nuda propiedad, la última comedia de Alberto Utrera (Uno equis dos, 2025; Desmontando a Lucía, 2024). Vera (Susana Abaitua) y Lucas (Maxi Iglesias) son una joven pareja que, tras conseguir comprar un piso en nuda propiedad, comenzará a obsesionarse con el vecino de enfrente, desencadenando una espiral de sospechas, equívocos y decisiones cada vez más disparatadas. Mirándose en el espejo de Azcona y Ferreri, Utrera y su coguionista Carlos Soria construyen un relato deliberadamente pasado de vueltas, poblado de personajes grotescos y diálogos descacharrantes, que se inscribe con desparpajo en esa tradición de la comedia negra española sobre la precariedad de la vivienda de la que forman parte obras magnas como El pisito, El inquilino o La vida por delante. La película, siempre ligera y gamberra (también admirablemente humilde en sus aspiraciones), transita con soltura entre la comedia costumbrista y el thriller de aroma hitchockiano, donde el mirada voyeur y las falsas identidades van enredando progresivamente una trama que nunca deja de zarandear nuestras expectativas. Todo el reparto se entrega con naturalidad a la caricatura: Susana Abaitua, Maxi Iglesias, David Lorente, Pepe Viyuela y Aten Soria encuentran en ella una inagotable veta cómica.. Al final, después de las carcajadas, el poso que queda es profundamente amargo: cuando el sistema nos lleva al límite, hasta lo más disparatado comienza a parecer una salida razonable.

Artículos relacionados

Echa un vistazo a nuestra revista

Echa un vistazo a nuestra revista

Galerías

Noticias