Un vibrante homenaje a la música como fuerza de unión que no escatima en alimentar la leyenda de Oasis.
Tras una interminable sucesión de discusiones, desencuentros y trifulcas, los hermanos Liam y Noel Gallagher rompieron definitivamente su relación allá por 2009, en mitad de una actuación en París. Tras aquel lamentable acontecimiento que dejó fríos a los asistentes del festival Rock en Seine, vendría una década y media de frialdad y reproches, en la que a nadie le resultaba posible imaginar a Liam y Noel juntos de nuevo en una misma habitación. Pero quince años después, sucedió: los medios anunciaron a bombo y platillo que los hermanos habían hecho las paces y que, en julio de 2025, la banda volvería a los escenarios con una gira mundial. Esta es la materia prima de Oasis: Don’t Look Back In Anger (2026), documental que firman Dylan Southern y Will Lovelace –quienes ya hicieron lo propio en el pasado con Blur y LCD Soundsystem–. Más que escarbar en las razones de aquella ruptura (que son prácticamente pasadas por alto), la película se interesa por la huella del grupo británico en su público, poniendo en imágenes una serie de conciertos multitudinarios en los que seguidores de procedencias, edades y clases sociales muy distintas parecen quedar hermanados por las canciones emblemáticas de la banda. Southern y Lovelace rehúyen los habituales bustos parlantes y confían buena parte del relato a un montaje ágil, hilado con suma finura y gran atención al detalle, del que poco malo puede decirse. Un aviso a navegantes: además de una reivindicación del poder de la música como experiencia catártica y fuerza de unión, la película nunca deja de ser un ejercicio de mitificación que alimenta tanto la leyenda de Oasis como el ego de sus protagonistas; estar dispuestos a comprar este relato de orden casi mesiánico es, qué duda cabe, el gran peaje a pagar. Con todo, la película desprende una innegable y genuina energía, poderosamente contagiosa, que acaba imponiéndose a todas las posibles reservas: incluso quienes no profesen una especial devoción por la música de los Gallagher difícilmente podrán resistirse, una vez abandonen la sala, a teclear el nombre de la banda en el buscador de Spotify y darle al play.