Rémi Bezançon homenajea a Hitchcock con una cálida comedia romántica en clave policíaca sobre el deseo, la rutina y el placer de mirar.
★★★½
Aseguraba Sir Alfred Hitchcock, cansado de que la crítica insistiese siempre en inscribir sus películas en la tradición del cine negro, que, para él, el misterio era siempre secundario: «Lo importante es la historia de amor”. No es que el director de Vértigo se negase a aceptar que las claves del noir fuesen parte esencial de su filmografía -ahí están siempre la obsesión, el crimen, la fatalidad, los falsos culpables o las identidades dobles-. Sostenía, sencillamente, que, tras todo el aparataje genérico, sus historias encontraban el verdadero motor en un lugar mucho más sencillo: la relación entre un hombre y una mujer. Así, en el cine de Hitchcock el suspense acaba siempre por revelarse como una sofisticada coartada narrativa; un dispositivo dramático diseñado para, en última instancia, empujar a una pareja en crisis a redefinirse al borde del abismo. A esta concepción hitchockiana del suspense en tanto que mecanismo sentimental rinde homenaje explícito Asesinato en la tercera planta, la octava película del cineasta francés Rémi Bezançon. Sin alejarse del tono ameno y del deliberado clasicismo formal de sus comedias precedentes, el director de La biblioteca de los libros rechazados (2019) firma aquí una ligera y amable (y muy cinéfila) comedia romántica en clave de investigación criminal que, mirándose en el espejo de La ventana indiscreta, convierte el misterio de un crimen en terapia de choque para una pareja atrapada en la monotonía cotidiana, al tiempo que plantea una lúdica reflexión metalingüística sobre los propios mecanismos del suspense. Muy disfrutable.
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