Crítica de ‘Balandrau, viento salvaje’: El rugido de la montaña

Crítica de ‘Balandrau, viento salvaje’: El rugido de la montaña

balandrau

Álvaro Cervantes y Bruna Cusí recuerdan la tragedia que ocurrió en Pirineos en el año 2000.

★★★

El 30 de diciembre del año 2000, el Pirineo catalán amaneció totalmente nevado, pero también despejado, de cielo azul y sol. Cinco amigos decidieron subir el Balandrau, para después descenderlo con esquís y llegar a comer a algún restaurante de la zona. Se cruzaron con otros tres amigos que tenían el mismo plan. Cuando ya estaban bastante arriba, el terreno helado les decidió a abandonar antes de tiempo… pero todo pasó en segundos… El cielo se cubrió, se levantaron unos vientos rapidísimos, que levantaban la nieve, la movían y descendieron la temperatura hasta -30 grados. Ese fenómeno ventoso se llama «torb» y convirtió un día de paseo y aventura en una auténtica pesadilla.

Fernando Trullols debuta en la dirección llevando a la pantalla aquella trágica historia que mantuvo a Cataluña y media España pegada al televisor durante cinco días de operación de rescate que cambiaron para siempre los protocolos en la montaña, dándole más importancia a la labor de los bomberos y servicios ahí arriba. La película reproduce increíblemente bien la angustia de aquellos momentos, el torb, la desesperación y el miedo en esa inmediata y agobiante falta de visibilidad, esa congelación instantánea, esa resiliencia. Se centra más en aquellos amigos de la montaña, pero deja espacio a los que los buscaban y a los que los esperaban. El drama y la acción se reparten el tiempo de una manera comedida, una gran virtud en la reproducción de una historia tan terrible.

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