Crítica de ‘Cosas que no olvidaré’: Comedia para una tragedia

Crítica de ‘Cosas que no olvidaré’: Comedia para una tragedia

Cosas que no olvidaré

Entre el slapstick clásico y la feel good movie, la película italiana aborda la enfermedad desde una mirada humanista.

★★½

Basada en un acontecimiento real, la italiana Cosas que no olvidaré narra la historia de un hombre de cuarenta años, padre y marido, que es diagnosticado de alzheimer precoz. Con un carismático Edoardo Leo en el papel protagonista, la película se debate entre dos tonos sin lograr siempre el deseado equilibrio. Por un lado, su director, Alessandro Aronadio, se retrotrae a la mirada humanista del slapstick clásico (abundan, en la película, las referencias al humor físico de Chaplin y Keaton), reivindicando la comedia pura como tabla de salvación frente a las adversidades, a veces irresolubles, que nos impone la vida. En paralelo a esta vertiente cinéfila (por la que transitan también las referencias, además de al cine de Woody Allen, a fábulas populares de superación a simple vista tan dispares como Cantando bajo la lluvia y Rocky), la película no duda en adherirse también al tono amable y, en ocasiones, algo formulaico de las feel good movies. Es aquí donde Cosas que no olvidaré, aunque sin duda poseedora de múltiples virtudes (¡qué bello final circular!), termina patinando al edulcorar de más (partitura empalagosa y diálogos sentimentaloides mediante) un relato profundamente humano que, sin duda, no necesitaba de semejantes recursos enfáticos.

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