Crítica de ‘El agente secreto’: Contra el olvido histórico

Crítica de ‘El agente secreto’: Contra el olvido histórico

El agente secreto

Wagner Moura brilla como un hombre incapaz de escapar al destino de un país en estado de violencia.

★★★★★

Un cadáver putrefacto al lado de una gasolinera perdida en mitad de la carretera. Un cadáver que casi se puede oler desde la pantalla. El calor, el sudor, las moscas. Con ese cadáver desatendido, esperando a que alguien lo reclame o recoja, arranca El agente secreto. Lo ve su protagonista, Mauricio (Wagner Moura, una interpretación que merece todos los premios), al pasar por ahí de camino a Recife. No necesita mucho más Kleber Mendonça Filho para situarnos en el momento de violencia del país, en plena dictadura. Eso y la siguiente tensa escena entre Mauricio y una pareja de policías.

Poco después llega a Recife, tiene una identidad falsa, se esconde en una casa llena de refugiados políticos, ha llegado a la ciudad para conseguir los papeles que demuestren la existencia de su madre y los papeles que le permitan salir del país con su hijo, que estaba al cuidado de los abuelos, y con el que por fin se reúne.

En la ciudad es carnaval, un carnaval sangriento, en el que, además, se han encontrado una pierna en la boca de un tiburón, una pierna que parece cobrar vida y llena titulares, mientras en el cine, además, están proyectando, precisamente, Tiburón. Estamos en 1977, una fecha no casual, una fecha personalmente importante para Mendonça y para el país, la violencia en máximos, desaparecidos, represaliados, exiliados, asesinados, silenciados.

Mendonça es un director de la memoria, un retratista del pasado que lo trae a hoy en potentísimas e inolvidables imágenes, que van generando una atmósfera total. Aquí, lo que empieza siendo un thriller de espías, continúa como un drama político, está lleno de cine y de personajes excéntricos y reales, brillantes, con rincones de humor (cómo es la maravillosa Dona Sebastiana, interpretada por Tania Maria), que componen la fotografía final y nos va llevando, envolviendo y contagiando. No evita el terror, la oscuridad, lo peor de la dictadura, pero tampoco se olvida de la comunidad, de la lucha, de las comunidades que se formaron para protegerse entre ellos.

El director de Doña Clara, Bacurau o la maravillosa Retratos fantasmas tiene una sensibilidad única y cinematográfica. Jugando con tantos géneros conecta pasado y presente de una forma inteligente que nos recuerda que no debemos olvidar el pasado y pensar en cómo queremos que nos recuerden en el futuro.

El agente secreto continúa la senda iniciada por Aún estoy aquí, llevando a otro nivel la reivindicación de la memoria histórica y personal, la necesidad de hablar y narrar y filmar, para no olvidar y que no nos olviden. Es la única forma probablemente de repetir errores.

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