En El día de la revelación, el director de E.T. o Encuentros en la tercera fase regresa a la ciencia-ficción y a la emoción más mágica.
★★★★
Como cuenta Steven Spielberg en la entrevista con BEST MOVIE (puedes encontrar tu revista en el cine, corre al cine), pensar desde niño que había vida inteligente más allá de la Tierra le daba la paz y seguridad que no tenía en casa con el divorcio de sus padres. De aquel sentimiento nació E.T. y Encuentros en la tercera fase, y a ese sentimiento ha seguido agarrado toda su vida, convencido de que hay otros mundos ahí fuera. En El día de la revelación no nos plantea si existen o no, lo da por hecho, existen, es solo que, como tantas teorías conspiranoicas apuntan, nos han estado ocultando las pruebas de esa existencia durante demasiado tiempo. Como adelanta el título, la película es un drama de acción para conseguir llegar a ese día en el que una persona elegida revela la verdad y toda la verdad. “La gente tiene derecho a saber la verdad”, suelta el personaje de Josh O’Connor cuando le enseña esa verdad que ha robado a su novia en el filme (Eve Hewson), una ex novicia, con la que Spielberg introduce una variable religiosa, de fe católica, pero generosa y abierta.
O’Connor interpreta un analista de datos, un cerebro matemático privilegiado que lleva años trabajando para una empresa que tiene “vía libre para el desarrollo y la extracción”, una de esas empresas estadounidenses por encima y debajo de la ley, que llevan décadas investigando sospechas alienígenas. Pero un grupo de empleados, liderado por Colman Domingo, de esa empresa se ha cansado y ha decidido descubrir todo lo que llevaban casi siete décadas ocultando, Colin Firth es el jefe de la empresa que intenta atrapar a O’Connor y también al personaje de Emily Blunt, una popular mujer del tiempo que, un día, tras ver un pequeño pajarito rojo, empieza a hablar todos los idiomas posibles y conoce las vidas y secretos de todo aquel con el que cruza la mirada. El núcleo de la película es pura acción, con escenas tan impresionantes como la del tren y algunos truquillos de guion que se acaban perdonando por ese lugar al final al que nos va dirigiendo el mejor Spielberg, el que entretiene (con incluso muchos puntos de humor, hasta slapstick) y emociona, el que rueda como nadie un gran blockbuster de verano y encima, esta vez, lo hace con un mensaje muy claro frente al conflicto y la polarización (el fondo de la historia las noticias que se escuchan parecen del comienzo de la III Guerra Mundial por tensiones entre EE UU y Corea del Norte): empatía y escuchar. No tener miedo a lo que no sabemos, ni conocemos, no usar el miedo como arma.
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