Andy Sachs regresa a Runway 20 años después… Y el diablo ya no lleva tacones de aguja.
★★★
Damos por hecho que si estás leyendo esto, tienes El diablo viste de Prada fresca, recuerdas qué pasó, así que entonces, sí, puedes seguir leyendo… “Veo muchas cosas de mí en ti” / “Todas querrían ser nosotras”. Solo esas frases, que Miranda Priestly emitía como halagos, como refuerzo positivo para su aguerrida asistente Andy Sachs, fueron precisamente lo que, por fin, después de una película entera sometiéndose a su látigo, tirando por la borda todos sus principios, perdiendo peso hasta poder calzarse ropa de diseño, despertaron a Andy y la condujeron a abandonar un trabajo que, aunque millones de chicas matarían por tener, ella en realidad no quería.
¿Esas frases que quizá Miranda habría dicho a propósito sabiendo que Andy reaccionaría así y la empujaría a seguir la carrera que deseaba como periodista de prestigio? Su media sonrisa final animaba a pensar que esa había sido su intención. Y entonces Andy todo el tiempo no había sido más que otra marioneta en el teatrillo editorial y glamuroso de Miranda. Han pasado dos décadas desde el estreno de la primera película (hoy de culto, aunque a lo mejor no mucha gente que la venera ha vuelto a verla hoy, quizá deberían) y también la historia retoma como si hubieran pasado 20 años, un MeToo, la era woke, post-woke… Todo eso se refleja en el entorno laboral de Runway: Miranda ya se tiene que colgar el abrigo ella misma, no puede ir llamando gorda a la gente, aunque siga sin incluir figuras no normativas en su revista y, claro, las redes sociales, internet… y todo lo que ese mundo nos ha traído, incluidos los criptobros y los multimillonarios tecnológicos que dominan el mundo y creen antes en dietas milagro que en el valor del periodismo.
Y ahí está Andy, que ha cumplido su sueño como periodista de prestigio y premiada, aunque algo de razón tenía Miranda y ha puesto siempre por delante su trabajo a su vida personal y cuando la enésima torta a su profesión llega, no tiene nada… pero aparece un milagro del pasado: le ofrecen ser directora de reportajes en Runway, le parece un paso atrás, pero no tiene otra cosa… quizá es un reto: utilizar el prestigio y medios de Runway para hablar de temas de interés social y político… Se lo ofrece el mandamás directamente sin preguntarle a Miranda y cuando esta ve llegar a Andy por primera vez finge no recordarla. Y ahí empieza la misma rueda, mismo traje con distintas hechuras: Andy vuelve a trabajar toda la noche, a esforzarse al máximo pasando de su vida, intentando demasiado incluso a través de su vestuario para destacar e impresionar a Miranda, que ya no insulta, pero sigue dando miedo. Y de nuevo es alguien más joven quien intenta arrebatarle su trabajo, pero lo que sí cambia es quién es el diablo esta vez: ya no lleva tacones de aguja, y no se han ido muy lejos a buscarlo, solo han tirado de la realidad: la calva reluciente del personaje que interpreta Justin Theroux da muchas pistas.
Repitiendo misma estructura narrativa, mismos patrones, se agradece que El diablo viste de Prada 2 enarbole la bandera del buen periodismo, denuncie su precarización, el ninguneo al papel frente a la dictadura de las redes sociales… aunque se agradecería más aún si en su promoción lo hubieran demostrado y hubieran predicado con el ejemplo con extensas entrevistas reales (otro jardín para otro momento quizá…), seguramente por todo eso resulta una película menos original, menos fresca y hasta tediosa por momentos, previsible incluso, pero que probablemente no defraudará a ningún “clacker”.
© REPRODUCCIÓN RESERVADA