Crítica de ‘Hasta la montaña’: Vuelta a la naturaleza

Crítica de ‘Hasta la montaña’: Vuelta a la naturaleza

hasta la montaña

Hasta la montaña cuenta la inspiradora historia real de Mathyas Lefebure.

★★★

Mathyas Lefebure trabajaba en publicidad en Montreal, metido en la misma rueda en la que (sobre)vivimos todos, hasta que un día decidió que quería salir de ella, cortar por lo sano y cambiar drásticamente de vida: irse a Francia y ser pastor. Le atrajo precisamente el cambio radical de sentido del tiempo y de escenario, de la oficina a la montaña, de vivir pegado a un reloj y pantallas a pasar las horas mirando y cuidando ovejas. Sophie Deraspe lleva esta historia a la pantalla, siguiendo los pasos de Mathyas (incluso estuvo con él y su rebaño), para luego acabar descubriendo un poco su propio camino hacia una reconexión con la naturaleza, que es lo que propone esta película, frente a la ultravelocidad del capitalismo que nos devora. Frente a las prisas la calma de la montaña, las estaciones y el fluir de un rebaño de ovejas que saben cómo moverse, como un río, de un punto a otro siguiendo la nueva hierba. Una película bonita que sí te hará replantearte, al menos por un rato, el ritmo sinsentido que llevamos entre asfalto y pantallas… sin necesidad de hacerte pastor trashumante.

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