Crítica de ‘Kraken: El libro negro de las horas’: Las rutinas del suspense

Crítica de ‘Kraken: El libro negro de las horas’: Las rutinas del suspense

Kraken

Una nueva adaptación del universo ‘Kraken’ que, pese a su elaborado empaque visual, vuelve a tropezar con los clichés del thriller.

En 2019, Daniel Calparsoro llevó al cine El silencio de la ciudad blanca, primera entrega del exitoso universo literario ‘Kraken’. Por entonces, el fenómeno editorial de Eva García Sáenz de Urturi constaba de tres partes; una colección de thrillers policíacos ambientados en el País Vasco y apoyados en un sustrato de mitología, memoria y ritos ancestrales. Aquella primera adaptación cinematográfica no convenció ni a la crítica ni al público, y las dos siguientes novelas de la trilogía, Los ritos del agua y Los señores del tiempo, quedaron pendientes de dar el salto a la pantalla. En 2022, la autora retomaría al protagonista de la saga, el inspector Unai López de Ayala, en El libro negro de las horas, novela que se han encargado ahora de convertir en largometraje los realizadores Joaquín Llamas y Manuel Sanabria. Más allá de su contrastada y elegante fotografía, el film nunca pasa de ser una rutinaria concatenación de lugares comunes del género. Su problema principal reside en la inconsistencia de sus tres personajes protagonistas (interpretados por unos Alejo Sauras, Maggie Civantos y Natalia Rodríguez casi siempre ahogados por el texto), quienes, despojados de toda psicología y entidad dramática, quedan reducidos a meras piezas instrumentales al servicio de un desarrollo argumental sin más horizonte que la cansina acumulación de giros y sorpresas. No hay margen alguno para lo ominoso, en fin, en una película que, de tan enunciativa y sobreescrita, acaba por neutralizar cualquier posibilidad real de misterio, algo que, es bien sabido, acostumbra a gestarse en la sugerencia, en lo no dicho, en aquello que permanece fuera del alcance de nuestra vista.

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