La chica del coro explora con sutileza y honestidad las heridas emocionales de una educación represiva.
★★★½
Tras dirigir, en 2021, el multipremiado cortometraje La vida sexual de la abuela, la cineasta eslovena Urška Djukić demuestra en La chica del coro, su debut en el largometraje, una admirable madurez narrativa y formal. La película, un coming of age enteramente narrado desde el punto de vista de su protagonista, sigue los pasos de Lucía, una joven de 16 años que acaba de incorporarse al coro femenino de su colegio católico. Allí, debatida entre la presión social de su entorno adolescente, el peso de una rígida educación religiosa y las pulsiones hormonales propias de la edad, Lucía se verá abocada a cruzar el umbral que marca el tránsito incierto hacia la edad adulta. La cámara de Djukić registra en planos muy cortos, bañados por una luz suave y difusa, el devenir emocional de la protagonista; su rostro, suspendido entre la pena y el embrujo, se convierte en la principal herramienta narrativa de una película que, privilegiando lo sensorial sobre lo discursivo, borbotea elocuencia desde lo no dicho. No hay trazas de impostura en este inmersivo, a ratos desasosegante retrato de una joven educada para temer su propio deseo.
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