Crítica de ‘La lucha’: Identidad canaria en una bonita historia de reconciliación

Crítica de ‘La lucha’: Identidad canaria en una bonita historia de reconciliación

La lucha

José Ángel Alayón encuentra en la lucha canaria espejo y metáfora de la relación entre un padre y su hija.

★★★½

La lucha canaria ya la practicaban los primeros habitantes de las islas. Es un deporte guanche que, especialmente en Fuerteventura, se sigue manteniendo fuerte como parte de la identidad de los canarios. Es un deporte noble, de contacto, de tempo pausado, de ir tocando y agarrando al otro hasta hacerle perder el equilibrio y caer y tocar el suelo con alguna parte del cuerpo que no sea la planta del pie. Es un deporte de una estética atemporal, de cualquier momento, pero también de hoy. Y de todo eso hace uso José Ángel Alayón en La lucha. 

La lucha canaria fue su premisa, su excusa, en ella encontró cómo hablar de su tierra, de su carácter, de su resistencia y de la necesidad del contacto y de la conexión para luchar el dolor y la soledad. Es la historia de un padre y su hija, los dos luchadores, recomponiéndose de la muerte de su esposa y madre. En el viaje opuesto al que realizan en la pista. No se tocan, no se miran, casi ni se hablan. El dolor les impide hacerlo. Pero es a través de este deporte que les unió a los tres que encuentran ese camino hacia la reconciliación y reconexión, al contacto.

La película es pura atmósfera, usando el viento y el polvo y los colores de Fuerteventura a favor del aislamiento y soledad de sus personajes interpretados por dos increíbles debutantes, luchadores reales, la inmensa presencia de Tomasín Padrón (un veterano y reconocido puntal) y la delicada y observadora de Yazmina Estupiñán.

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