Crítica de ‘La muerte de Robin Hood’: El ocaso del forajido

Crítica de ‘La muerte de Robin Hood’: El ocaso del forajido

La muerte de Robin Hood

Michael Sarnoski desmonta el mito del célebre arquero inglés para firmar un sombrío relato sobre la culpa, la violencia y la redención.

★★★

Michael Sarnoski continúa explorando, tras Pig (2021) y Un lugar tranquilo: Día 1 (2024), las heridas emocionales de personajes marcados por el trauma y la pérdida. En esta, su tercera película, se apropia de uno de los grandes mitos de la cultura popular (aquel noble arquero que robaba a los ricos para ayudar a los pobres) para, mirándolo desde otro prisma, arrojar sobre su figura una luz muy distinta: el Robin Hood interpretado por Hugh Jackman aparece aquí, frente a las adaptaciones por todos conocidas, como un hombre envejecido, consumido por la culpa y obligado a enfrentarse, en el tramo final de su vida, a las consecuencias de una existencia construida sobre la violencia. La tensión entre fábula y realidad atraviesa una película crepuscular, desmitificadora y harto sombría; un relato de una violencia seca y brutal, bella y crudamente fotografiado, por momentos amargo de más en su intención de explorar la contracara de la leyenda y apostar por la intimidad y la introspección frente a toda espectacularidad. Duro y frágil, el Hood de Jackman hace que el precio de la entrada valga la pena.

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