Crítica de ‘La mujer más rica del mundo’: Isabelle Huppert más Huppert que nunca

Crítica de ‘La mujer más rica del mundo’: Isabelle Huppert más Huppert que nunca

la mujer más rica del mundo

La mujer más rica del mundo intenta explicar, desde la ficción, el escándalo de la dueña de L’Oréal.

★★★

Entre 1997 y 2007, Liliane Bettencourt, la multimillonaria dueña del grupo L’Oréal, había regalado al fotógrafo François-Marie Banier más de 1.000 millones de euros (entre obras de arte, cheques, seguros). Cuando la hija de ella lo descubrió a la muerte del padre, pidió al mayordomo que grabara conversaciones, de ahí salieron dos grandes escándalos: el primero, ese, el de los regalos entregados al fotógrafo; y después una trama de corrupción y tráfico de influencias que acabó alcanzando al gobierno de Sarkozy. Sobre este llamado affaire Bettencourt que fue durante meses la comidilla mediática de los franceses se inspira la película de Thierry Klifa La mujer más rica del mundo, que intenta explicar lo que nunca se supo: cómo empezó aquella relación entre la mujer rica y el fotógrafo, por qué ella le dio tanto dinero.

El mayor acierto del filme es contar con la gran Isabelle Huppert en el papel de esta mujer nacida rica y poderosa. Alguien que se sienta por encima de todo lo demás, que vive en tal altura social que le cuesta ver qué hay por debajo… y eso le aburre hasta que conoce a este hombre (histriónico Laurent Lafitte) que sólo le dice verdades y le sujeta los pies al suelo. Una historia tan sencilla como esa pudo explicar que esta mujer que se sienta sola en la cumbre acabara compartiendo su fortuna con un don nadie. El carácter de diva de Huppert y su talento son suficientes para hacer de esta casi sátira en cierto modo sobre los mundos millonarios una comedia entretenida.

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