Crítica de ‘La plaga’: Los terrores del bullying

Crítica de ‘La plaga’: Los terrores del bullying

La plaga

La muy real crueldad de los niños plasmada en un cuento de fantasía y body horror.

★★★½

Llegar a un campamento de verano, conocer niños nuevos es ya un momento terrorífico. En ese ambiente cualquier elemento extra puede provocar una ansiedad terrible sobre los chicos. Es el arranque de La plaga, interesante, prometedor y escalofriante debut en el largometraje de Charlie Polinger, una historia de despertar adolescente que echa mano del fantástico y del body horror para denunciar las consecuencias del bullying en los chavales.

La plaga es el nombre con el que llaman a una enfermedad imaginaria. Algunos de los chicos de un campamento de waterpolo se la han inventado para reírse de otros. Deciden una víctima, la señalan, le acusan de tener esa enfermedad altamente contagiosa y empiezan a aislar al niño. La mayoría saben que es una broma, pero otros, como Ben (genial Everett Blunck), empiezan a pensar que la enfermedad es real, que la tiene, que la sufre… Polinger habla, desde la sutileza y el misterio, de esa crueldad que nace tan pronto, de ese deseo de sentirse parte del grupo que lleva a muchos al silencio cómplice, a callar y pasar desapercibido en el grupo para no ser el siguiente punto de mira… Habla de la mirada aterrorizada de los niños y de la sinrazón de los que ejercen esa crueldad, a veces justificada por lo que viven en sus casas, a veces imposible de explicar del todo…

Joel Edgerton (siempre un actor creíble y natural) interpreta al entrenador y cuidador de esos chavales que, intentando ayudar, no acaba de lograrlo, porque el papel del adulto, aunque fundamental en estos casos, es complicado de saber gestionar.

A pesar de tratar un tema visto en muchas ocasiones, más últimamente, Polinger consigue crear una atmósfera muy especial y perturbadora.

 

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