Aunque tienda hacia la conspiranoia, lo que cuenta el thriller La residencIA está ya aquí.
★★★
Tatiana de Rosnay publicó Les fleurs de l’ombre en 2020, plena pandemia. En ese momento, la leyó Yann Gozlan, y el aislamiento y estado de paranoia en el que nos encontrábamos en todo el mundo fueron los temas que encontró en esa novela distópica. Cuatro años después cuando la empezó a adaptar para llevarla a la pantalla, la ciencia-ficción ya no era tan ficción. La residencIA habla de una inteligencia artificial generativa muy desarrollada que, en principio, ayuda a artistas de distintas materias en su trabajo. Clarissa (la protagonista, Cécile de France defendiendo el papel) es una escritora bloqueada por una tragedia del pasado que todavía no ha superado, está en esa residencia de artistas intentando volver a escribir, Dalloway, su IA, monitoriza todo, su salud, su inspiración, su pasado… pero cuanto más sabe de ella, más se desarrolla, más la invade… Clarissa, que sigue en su propio proceso de duelo, empieza a sentirse ultravigilada, manipulada, utilizada, desconfía de esa IA que, en parte, ha alimentado ella misma. La película, por eso, aunque se plantee como distopía o profecía es más un espejo de nuestro presente dominado por estas tecnologías que nos llevan hacia un lugar incierto, pero no mejor. En ese sentido, podría ser una sátira, pero Gozlan falla en el tono, se enreda más en el thriller cospiranoico, algo convencional, en el que, al menos, te despierta la voz de esa gran actriz, Anna Mouglalis.
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