Crítica de ‘La silla’: Arquitectura de la angustia

Crítica de ‘La silla’: Arquitectura de la angustia

La silla

La silla convierte una situación cotidiana en una pesadilla de resonancias hitchcockianas sostenida por la entrega de Jaime Lorente.

★★★

Partiendo de una premisa con gran potencial escenográfico —un exitoso escritor de novelas de misterio queda accidentalmente inmovilizado en una silla sin posibilidad de liberarse—, el nuevo largo del cineasta gallego Ángel de la Cruz se inscribe en una larga tradición de thrillers claustrofóbicos que tiene, entre sus grandes referentes, obras de la talla de La ventana indiscreta (1954), Misery (1990) o Buried (2010). Un muy comprometido Jaime Lorente da vida a este escritor cuya existencia acomodada y aparentemente idílica se transforma, de un momento a otro, en una angustiosa pesadilla doméstica. Alfred Hitchcock y Stephen King son los dos grandes referentes de una película poseedora de una atmósfera opresiva que encuentra sus principales limitaciones en una progresión narrativa no siempre bien resuelta. Un par de giros de guion no del todo verosímiles y una, por momentos, excesiva acumulación de puntos de vista (quizá hubiese resultado más interesante que la película limitase su narración al horror vivido en primera persona por su protagonista) lastran en cierto modo un relato por lo demás eficaz, con un ligero regusto a serie B y que exhibe en todo momento una saludable conciencia de los mecanismos genéricos sobre los que se construye.

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