Crítica de ‘Los ilusos 13+13’: La coherencia de amar el cine

Crítica de ‘Los ilusos 13+13’: La coherencia de amar el cine

Los ilusos 13+13

Jonás Trueba ‘reabre’ su “película cero”, la devuelve el color e intensifica todo lo que fue dándole un nuevo título con todos sus años Los ilusos 13+13.

★★★★

Los ilusos se estrenó en 2013 y, pasados 13 años, vuelve a los cines, de ahí su nuevo título, casi matemático, muy descriptivo, Los ilusos 13+13. En su momento fue una película hecha con muy pocos recursos y con la experiencia justa, era una película de primeras veces para muchos de los que en ella trabajaron. De la ilusión que le pusieron a pesar de todo nacieron esos ilusos, la productora de Jonás Trueba y Javier Lafuente y todo un equipo técnico y artístico, de amigos, con los que han seguido haciendo cine toda esta década. Pero todo estaba aquí en esta película inexperta que tuvo un estreno muy restringido en cines y que después no ha encontrado un sitio. Por eso, para muchos (como para quien esto escribe), Los ilusos 13+13 será su primer acercamiento a este filme fundacional sin pretensiones, que fue el primero, pero al verlo hoy, después de todas las siguientes películas de Jonás Trueba (Volveréis, La virgen de agosto, Tenéis que venir a verla, Quién lo impide, La reconquista…) cobra más sentido, más valor incluso… Es la demostración de una coherencia sobre una forma de entender el cine, de hacerlo y vivirlo que si hace 13 años no se comprendió o se miró con desconfianza, hoy queda más que probada. Es posible aún jugar así con las historias, con el cine, amarlo y reírse un poco de uno mismo mientras lo haces. Reírse de esos clichés de malditismo, de esa modernez, de esa nostalgia trasnochada… Por eso se pueden permitir saltar del blanco y negro al color, jugar con ellos, mientras reflexionan sobre el propio hecho de hacer cine mientras aprendían a hacerlo… Porque hay otra forma posible y esta película, revisitada, que no mejorada, ni corregida, es la prueba.

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