Maestro del thriller, Alberto Rodríguez se sumerge en un intenso drama íntimo en Los Tigres.
★★★½
Un día bueno para los buzos profesionales es el día que no tienen que entrar en el agua. El resto de días se enfrentan a la muerte en cada segundo que dura su inmersión. En esa fina línea entre la vida y la muerte, la excitación y la inmersión se maneja Los Tigres, un thriller en la superficie, un drama en su interior. Una nueva demostración, quizá la más espectacular, de las capacidades de Alberto Rodríguez como director, su capacidad de conseguir imágenes que impactan, conmueven y dejan poso. Aquí, más que nunca, precisamente por el mundo que se han buscado él y Rafael Cobos como excusa para, en realidad, hablar de la relación de dos hermanos con vidas difíciles y precarias.
Las imágenes en alta mar y bajo el agua son de una belleza tan hipnótica como angustiante para quien tenga miedo a esos entornos. Imposible dejar de mirarlas a la vez que cortan la respiración. Toda su habilidad cinematográfica manejando la tensión del thriller en La isla mínima o Grupo 7 se intensifica en este continuo vida y muerte del mundo de sus buzos. Es un espectáculo.
Y este universo es fondo y metáfora para el auténtico corazón del filme, la relación de supervivencia de los dos hermanos donde el director trata de mantener el mismo pulso, aunque cueste superar la parte subacuática (y se incluyan demasiados elementos en el drama), lo consigue ayudado por sus dos actores protagonistas, Antonio de la Torre y Bárbara Lennie.
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