★★★★
Juan Cavestany rueda la película definitiva de Madrid y para Madrid.
Filmada durante cuatro años, desde que acabó la pandemia y, tras rodar Madrid, Int., con la decisión de redescubrir esa ciudad de la que estuvimos privado durante meses, Juan Cavestany se lanzó a la calle con su cámara y ha ido acumulando imágenes, personajes y escenas en las que condensa el mejor Madrid. el Madrid que ojalá nunca desaparezca, aunque, como el videoclub Star, esté en peligro de extinción.
La definen como «una película sinfónica» y ese adjetivo cobra todo el sentido cuando se disfruta Madrid, Ext. en pantalla grande, con buen sonido, y esa banda sonora que Guille Galván (Vetusta Morla) que juega con los ruidos de las calles, con su historia y su música natural para crear una bella danza audiovisual de ritmos reconocibles, un poco nostálgicos, muy deseados.
Cavestany ha recorrido los barrios más barrios de la ciudad, ha hablado con sus camareros, cocineros, comerciantes… ha entrado en esas tiendas que aún resisten, la droguería, la ferretería, Muelles Ros…
Se entretiene en enseñarnos tantos carteles antiguos como puede en una composición de todos esas tipografías clásicas que Paco Graco lleva tiempo recopilando y salvaguardando.
Nos presenta brevemente a algunos de esos rostros y nombres que nos muestra, el peluquero con premios, el chef más longevo de Madrid, la conservadora del Museo de Ciencias Naturales…
Y durante hora y media sentimos que Madrid sigue siendo la que debería ser, la que nunca debería desaparecer… Esa ciudad de todos y para todos, de barras largas, bravas, tortillas de patatas, de arquitecturas singulares, de rostros diversos… Como esos con los que casi acaba en un montaje emotivo para recordarnos, gracias a fotógrafos de estudio de la ciudad, que la imagen podrá al menos ser siempre nuestra memoria.
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